Maikel Sade
Poeta recién llegado
El sol se escondió entre las montañas,
Y allí quede yo entre las caricias del recuerdo
De un asiento húmedo y un clínex secándolo,
Entre las risas entrecortadas por tus besos.
¿De las risas en la fuente te acuerdas?
Como corría el agua por mis manos y brazos
Hasta llegar a mi torso abrigado,
El mismo que tú entre aparcamientos desnudabas.
¿Te acuerdas? ¿Cómo íbamos a olvidarlo?
Tú en tus guerras y yo en mis penas.
Para nuestros desiertos eso era un oasis,
Con su manantial, con sus dátiles y palmeras.
Ya sé que el agua de la fuente esa
Tenía cloro y demás impurezas que no veíamos,
Pero ni la que bebí en Madrid
Tenia ese sabor y ese aroma
Exquisitamente a miel,
(Nieve fundida de su sierra)
Quizás fue aquel momento
Que la hizo diamantino líquido,
Para nuestros templos de hielo.
Un momento unos segundos que apurábamos
Hasta sobre pasada la última hora,
En la que yo intentaba hacerte mía con abrazos,
Y desgarrar la realidad con mi incrédulo enfado.
Mientras tú me besabas otra vez y otra vez,
Y me decías apartando tus ojos de los míos,
Miguel lo siento, tengo que arrancar me esperan en casa
Y allí quede yo entre las caricias del recuerdo
De un asiento húmedo y un clínex secándolo,
Entre las risas entrecortadas por tus besos.
¿De las risas en la fuente te acuerdas?
Como corría el agua por mis manos y brazos
Hasta llegar a mi torso abrigado,
El mismo que tú entre aparcamientos desnudabas.
¿Te acuerdas? ¿Cómo íbamos a olvidarlo?
Tú en tus guerras y yo en mis penas.
Para nuestros desiertos eso era un oasis,
Con su manantial, con sus dátiles y palmeras.
Ya sé que el agua de la fuente esa
Tenía cloro y demás impurezas que no veíamos,
Pero ni la que bebí en Madrid
Tenia ese sabor y ese aroma
Exquisitamente a miel,
(Nieve fundida de su sierra)
Quizás fue aquel momento
Que la hizo diamantino líquido,
Para nuestros templos de hielo.
Un momento unos segundos que apurábamos
Hasta sobre pasada la última hora,
En la que yo intentaba hacerte mía con abrazos,
Y desgarrar la realidad con mi incrédulo enfado.
Mientras tú me besabas otra vez y otra vez,
Y me decías apartando tus ojos de los míos,
Miguel lo siento, tengo que arrancar me esperan en casa