Todo en la vida transita,
todo se mueve y se va;
mas quien aprende a encontrarse
no camina en soledad.
Llegan los días de gloria,
y la oscura adversidad,
unas veces ríe el alma,
otras aprende a llorar.
Van pasando los amigos,
y los amores se irán,
como las hojas que el viento
arranca de su lugar.
Cambian los sueños de nombre,
cambia incluso la verdad
que defendimos un día
con firmeza y voluntad.
Mas hay un ser silencioso
que jamás nos dejará,
el que conoce las sombras
que nadie nunca verá.
El que contempla en la noche
nuestra íntima realidad,
el que recoge las piezas
cuando todo sale mal.
A veces lo abandonamos
por querer mirar detrás
de espejos y de promesas
que no nos pueden llenar.
Y al regresar a nosotros,
después de mucho vagar,
descubrimos que el refugio
nunca dejó de esperar.
No estaba en tierras lejanas,
ni en ninguna inmensidad,
sino en la humilde presencia
de quien aprende a aceptar.
Por eso cuido el instante,
mi manera de mirar,
pues el mejor compañero
es aquel que siempre está.
Y cuando llegue la hora
de mi última claridad,
partiré con la certeza
de haberme sabido hallar.
todo se mueve y se va;
mas quien aprende a encontrarse
no camina en soledad.
Llegan los días de gloria,
y la oscura adversidad,
unas veces ríe el alma,
otras aprende a llorar.
Van pasando los amigos,
y los amores se irán,
como las hojas que el viento
arranca de su lugar.
Cambian los sueños de nombre,
cambia incluso la verdad
que defendimos un día
con firmeza y voluntad.
Mas hay un ser silencioso
que jamás nos dejará,
el que conoce las sombras
que nadie nunca verá.
El que contempla en la noche
nuestra íntima realidad,
el que recoge las piezas
cuando todo sale mal.
A veces lo abandonamos
por querer mirar detrás
de espejos y de promesas
que no nos pueden llenar.
Y al regresar a nosotros,
después de mucho vagar,
descubrimos que el refugio
nunca dejó de esperar.
No estaba en tierras lejanas,
ni en ninguna inmensidad,
sino en la humilde presencia
de quien aprende a aceptar.
Por eso cuido el instante,
mi manera de mirar,
pues el mejor compañero
es aquel que siempre está.
Y cuando llegue la hora
de mi última claridad,
partiré con la certeza
de haberme sabido hallar.