Piedad Acosta Ruiz
Poeta recién llegado
Profes, si dame esos profes, que dejan huella, que parten con valentía, después de haber dejado en sus muchachos, las profundas raíces de la disciplina y el triunfo; la sensibilidad que sucumbe a una sonrisa, a un abrazo; aunque por tal hazaña, tengan que ir a otro lado, a ejercer su trabajo.
EL COMPITA
Los muchachos le decían el Compita,
no había en el colegio quien,
se rehusara a sus cálidos abrazos,
que a todos hacía sentir tan bien.
Fueron muchos los premios
traídos por sus deportistas,
en voleibol, futbol y básquet,
fruto de la disciplina y esfuerzo.
El colegio vibraba al son
del balón que hacía correr,
los torrentes de sudor,
y lanzar gritos de emoción.
El día de la clase del Compa,
nadie faltaba al colegio,
la adrenalina que circulaba,
era la cura efectiva al tedio.
Como era bien pequeño el colegio,
cuando el balón al techo iba a parar,
no faltaba el jugador audaz,
que al techo fura a rescatar.
Con cada teja averiada
y los gritos de alegría,
que a las clases interrumpía,
era al Compita al que inquirían.
Pero el Compa seguía adelante,
con su deporte, con sus muchachos,
trayendo trofeos, sacando sus sueños;
la disciplina de campeón, hilvanando.
Cundo se dijo del cuerpo docente,
quien del colegio debía partir,
al Compita en silencio, una tarde
los muchachos le vieron partir.
Ya los balones y los gritos de alegría,
en el colegio no se volvieron a sentir;
esa tarde el Compa sacó sus monedas,
y pertenencias, creyéndolo llevárselo todo.
Pero no fue así, para siempre
en el alma de sus muchachos
el Compita, con toda su energía,
abrazos y sabiduría, se quedaría.
Los muchachos le decían el Compita,
no había en el colegio quien,
se rehusara a sus cálidos abrazos,
que a todos hacía sentir tan bien.
Fueron muchos los premios
traídos por sus deportistas,
en voleibol, futbol y básquet,
fruto de la disciplina y esfuerzo.
El colegio vibraba al son
del balón que hacía correr,
los torrentes de sudor,
y lanzar gritos de emoción.
El día de la clase del Compa,
nadie faltaba al colegio,
la adrenalina que circulaba,
era la cura efectiva al tedio.
Como era bien pequeño el colegio,
cuando el balón al techo iba a parar,
no faltaba el jugador audaz,
que al techo fura a rescatar.
Con cada teja averiada
y los gritos de alegría,
que a las clases interrumpía,
era al Compita al que inquirían.
Pero el Compa seguía adelante,
con su deporte, con sus muchachos,
trayendo trofeos, sacando sus sueños;
la disciplina de campeón, hilvanando.
Cundo se dijo del cuerpo docente,
quien del colegio debía partir,
al Compita en silencio, una tarde
los muchachos le vieron partir.
Ya los balones y los gritos de alegría,
en el colegio no se volvieron a sentir;
esa tarde el Compa sacó sus monedas,
y pertenencias, creyéndolo llevárselo todo.
Pero no fue así, para siempre
en el alma de sus muchachos
el Compita, con toda su energía,
abrazos y sabiduría, se quedaría.