Una mañana de primavera, caminaba un conejito por el bosque, estaba hambriento y nada encontraba, de pronto vió una lechuga, que ya parecía pasada pues se veía un poco fea, entonces el conejito pensó, para qué voy a coger esa lechuguita que no tiene ni buena pinta ni me atrae, la dejó y siguió su camino, al poco encontró una zanahoria que estaba medio comida y pensó, para qué voy a comer esa zanahoria que está ya empezada y poco le queda. Siguió su camino, hambriento, pero desconfiado, y repentinamente en un descampado, apareció ante sus ojos la más bella lechuga que jamás había visto, rodeada de pequeñas zanahorias que resultaban perfectas, se acercó y empezó a comer, pero de lo más frondoso del bosque apareció un cazador que lo atrapó y se lo llevó.
Moraleja, no te dejes guiar por las apariencias, porque muchas veces engañan.
Moraleja, no te dejes guiar por las apariencias, porque muchas veces engañan.