El contrato
El contrato es a perpetuidad con muy pocas
obligaciones, cómodas cuotas y el qué dirán,
y cada diez años, cambio de muertas flores.
Te amo en mujer sin orillas, pechos derramados,
dominante y sumisa, espejo de generosidad.
Te amo en mujer de brazos abiertos,
napada de grillos la espalda despierta,
y ojos de luna desnudando a la mar.
Te amo en lo complejo y lo perpetuo, mujer madre
amante dadora de vida, mantis religiosa
donde anida lo perfecto y el látigo castigador.
Amo el canibalismo de tu boca y las mil lenguas
de esos dedos sutiles, cuchillas afinadas.
Te amo en mujer de silencios, pura respuesta,
embriagador vino de lujuria y agónica luz.
Agujeros cuadrados de mi calavera, perseguido
por mudas musas de algún poeta muerto,
soy perdido en sombra y llanto de mujer.
Ensangrentados labios lésbicos al encuentro
de tu todo. Vivo en ti condenado a perpetuidad,
cambiando las flores muertas cada diez años,
cuando el tiempo no es nada en la infinitud.
El contrato es a perpetuidad con muy pocas
obligaciones, cómodas cuotas y el qué dirán,
y cada diez años, cambio de muertas flores.
Te amo en mujer sin orillas, pechos derramados,
dominante y sumisa, espejo de generosidad.
Te amo en mujer de brazos abiertos,
napada de grillos la espalda despierta,
y ojos de luna desnudando a la mar.
Te amo en lo complejo y lo perpetuo, mujer madre
amante dadora de vida, mantis religiosa
donde anida lo perfecto y el látigo castigador.
Amo el canibalismo de tu boca y las mil lenguas
de esos dedos sutiles, cuchillas afinadas.
Te amo en mujer de silencios, pura respuesta,
embriagador vino de lujuria y agónica luz.
Agujeros cuadrados de mi calavera, perseguido
por mudas musas de algún poeta muerto,
soy perdido en sombra y llanto de mujer.
Ensangrentados labios lésbicos al encuentro
de tu todo. Vivo en ti condenado a perpetuidad,
cambiando las flores muertas cada diez años,
cuando el tiempo no es nada en la infinitud.