Coronado Smith
Poeta recién llegado
EL CORAZÓN DE LA DEMOCRACIA
En la pérfida señora
de la ciudad imperial,
se levanta el parlamento,
para al pueblo legislar.
Sus muros están infestos
por el virus de la ambición;
mordaza para el vulgo,
ganancias para el señor.
Subnormales elevados
al grado de doctor,
dictan nuestros designios
nos subastan al mejor postor.
Ególatras traicioneros,
que prometen bienestar,
al sentarse en su sillón,
se olvidan de los demás.
Si sienten amenazada
su privilegiada situación,
ley “ilegítima al canto”
y acallado el murmurador.
Ni oficio, ni beneficio,
sólo vale atesorar,
presumir de señorío,
y a la plebe controlar.
Señorío in-nobiliario,
concedido por su majestad,
“Grandes del basurero”
con su orla a enmarcar.
En la pérfida señora
de la ciudad imperial,
se levanta el parlamento,
para al pueblo legislar.
Sus muros están infestos
por el virus de la ambición;
mordaza para el vulgo,
ganancias para el señor.
Subnormales elevados
al grado de doctor,
dictan nuestros designios
nos subastan al mejor postor.
Ególatras traicioneros,
que prometen bienestar,
al sentarse en su sillón,
se olvidan de los demás.
Si sienten amenazada
su privilegiada situación,
ley “ilegítima al canto”
y acallado el murmurador.
Ni oficio, ni beneficio,
sólo vale atesorar,
presumir de señorío,
y a la plebe controlar.
Señorío in-nobiliario,
concedido por su majestad,
“Grandes del basurero”
con su orla a enmarcar.