Marco Rosmarine
Poeta recién llegado
Irrefrenable, el mundo,
pasa de tus ojos a los míos,
salvando sus propios cegados ojos.
Sustancialmente embebido,
en sí mismo decrépito;
al vacío.
Descarnando pieles y músculos.
Naciendo al otro lado
con la primera luz de sus poblados huesos.
Palmera de palmeras.
Mar de mares.
Anaquel que de soslayo
se yergue y mantiene:
¿cuánto rencor
aún guardan tus ademanes?,
¿en qué medida,
todavía el amor se te abre?
Llueve,
y a cada instante
una gota que no moja sino pasa.
El rumiar de una inacabada prisa.
Llueve.
Y en el corazón un mar de ceniza.
pasa de tus ojos a los míos,
salvando sus propios cegados ojos.
Sustancialmente embebido,
en sí mismo decrépito;
al vacío.
Descarnando pieles y músculos.
Naciendo al otro lado
con la primera luz de sus poblados huesos.
Palmera de palmeras.
Mar de mares.
Anaquel que de soslayo
se yergue y mantiene:
¿cuánto rencor
aún guardan tus ademanes?,
¿en qué medida,
todavía el amor se te abre?
Llueve,
y a cada instante
una gota que no moja sino pasa.
El rumiar de una inacabada prisa.
Llueve.
Y en el corazón un mar de ceniza.