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Poeta recién llegado
Ocurre cuando Vislumbras el pasado,
Ocurre cuando dejas de dar la espalda,
Y tu mirada se pierde tras tus huellas,
Sobre ellas asechan un sinfín de sombras,
Pululando en el viento.
En ocasiones aquellas sombras gritan,
Reavivando memorias muertas.
En ocasiones aquellas sombras me miran,
Esperando el oportuno momento de devorarme.
Acabar con mis sentimientos,
Como si de carroña se tratase.
Cuando me pierdo en el horizonte,
Gritando estentóreamente tu nombre,
Ellas me rodean, volando, asechando.
¿Por qué no me devoran?
Ya estoy muerto, y mis ojos abiertos.
E de volver en mis pasos,
Para poder vivir un pasado azorado.
Quizás allí la encuentre,
Esperando versos no dedicados.
Pero en el camino tropiezo,
Siempre caigo,
Aun sin olvidar las palabras,
Y los vacíos otorgados.
Ellos me siguen,
Convirtiendo mi sombra en su sombra.
Provocándome reiteradas apoteosis,
Obscureciéndome, obscureciéndote.
Ahí está ella, bajo una cruz y una efigie.
¿El epitafio?
Escrito hace años,
Tan agónico y nefasto como su mirada.
¿He llegado tarde?
Finalmente caigo…
¿Acaso ya no estaba en el suelo?
Solemnemente vislumbro mi cuerpo,
Es obscuro, de una densidad tétrica.
Mi plumaje es como el de las sombras,
Aquellas que me asechan.
Mis alas están cortadas,
No hay sangre, solo lagrimas
Después de todo, soy uno de ellos.
Ocurre cuando dejas de dar la espalda,
Y tu mirada se pierde tras tus huellas,
Sobre ellas asechan un sinfín de sombras,
Pululando en el viento.
En ocasiones aquellas sombras gritan,
Reavivando memorias muertas.
En ocasiones aquellas sombras me miran,
Esperando el oportuno momento de devorarme.
Acabar con mis sentimientos,
Como si de carroña se tratase.
Cuando me pierdo en el horizonte,
Gritando estentóreamente tu nombre,
Ellas me rodean, volando, asechando.
¿Por qué no me devoran?
Ya estoy muerto, y mis ojos abiertos.
E de volver en mis pasos,
Para poder vivir un pasado azorado.
Quizás allí la encuentre,
Esperando versos no dedicados.
Pero en el camino tropiezo,
Siempre caigo,
Aun sin olvidar las palabras,
Y los vacíos otorgados.
Ellos me siguen,
Convirtiendo mi sombra en su sombra.
Provocándome reiteradas apoteosis,
Obscureciéndome, obscureciéndote.
Ahí está ella, bajo una cruz y una efigie.
¿El epitafio?
Escrito hace años,
Tan agónico y nefasto como su mirada.
¿He llegado tarde?
Finalmente caigo…
¿Acaso ya no estaba en el suelo?
Solemnemente vislumbro mi cuerpo,
Es obscuro, de una densidad tétrica.
Mi plumaje es como el de las sombras,
Aquellas que me asechan.
Mis alas están cortadas,
No hay sangre, solo lagrimas
Después de todo, soy uno de ellos.