Luis Granados González
Poeta asiduo al portal
Este poema
es una ficción.
Cualquier
semejanza,
parecido,
imitación,
calcamonía,
desahogo
o
¡qué injusta
es la vida!
sólo es eso:
una tontería.
Se acerca
el cumple
de mi suegra
y aún no sé
que regalarle.
Me acercaré
a una tienda
de animales
a ver si tienen
collares para perros
de esos con púas
para colocárselo,
pero con las púas
para adentro.
O si no,
echaré un vistazo
a las jaulas
para hámster
para idear
una jaula gigante
con noria enmedio
para que la suegra suba
y corra en ella
pues le sobran
unos cientos de kilos.
Ya le digo:
"Con tu espesor
no se te arrima
ningún hombre,
así que,
ya puedes bajar
bien de kilos
si quieres
tener novio
para que te aguante".
Aunque lo mejor
va a ser
que le regale
un viaje de esos
siderales, galácticos
pues con un poco
de suerte se pierde
por el espacio
y no la encuentro
como ahora,
todo el día en casa,
tumbada en el sofá,
sin dar ni golpe,
o incordiando
a todas horas,
en el desayuno
y en la comida
o en el váter
horas metida.
Ya sólo le falta
meterse con nosotros
en la cama
y darnos la tabarra
con sus ronquidos
hasta la madrugada.
Ya sé:
le regalaré
un bozal
para los ronquidos
y por si acaso,
para que no muerda.
es una ficción.
Cualquier
semejanza,
parecido,
imitación,
calcamonía,
desahogo
o
¡qué injusta
es la vida!
sólo es eso:
una tontería.
Se acerca
el cumple
de mi suegra
y aún no sé
que regalarle.
Me acercaré
a una tienda
de animales
a ver si tienen
collares para perros
de esos con púas
para colocárselo,
pero con las púas
para adentro.
O si no,
echaré un vistazo
a las jaulas
para hámster
para idear
una jaula gigante
con noria enmedio
para que la suegra suba
y corra en ella
pues le sobran
unos cientos de kilos.
Ya le digo:
"Con tu espesor
no se te arrima
ningún hombre,
así que,
ya puedes bajar
bien de kilos
si quieres
tener novio
para que te aguante".
Aunque lo mejor
va a ser
que le regale
un viaje de esos
siderales, galácticos
pues con un poco
de suerte se pierde
por el espacio
y no la encuentro
como ahora,
todo el día en casa,
tumbada en el sofá,
sin dar ni golpe,
o incordiando
a todas horas,
en el desayuno
y en la comida
o en el váter
horas metida.
Ya sólo le falta
meterse con nosotros
en la cama
y darnos la tabarra
con sus ronquidos
hasta la madrugada.
Ya sé:
le regalaré
un bozal
para los ronquidos
y por si acaso,
para que no muerda.