Juan Oriental
Poeta que considera el portal su segunda casa
Y no vienes...
¡No llegas! ¡Estoy harto
de mantener a raya mis ansias!
La noche, -nerviosa de verme así-
desmigaja estrellas qué, furtivas y rápidas,
recogen las ratas... ¡Y brillan sus cuevas!
Y no vienes...
¡No llegas! -Y pienso-
¡Que triste es vivir en pobreza!
Me veo... ¡Mas pobre que una rata!
-Aún, de ocasional y sórdida riqueza.-
Pero,
así te espero. Embriagando anhelos.
¡Royendo nobleza!
Cuando,
ya histérica la noche, de un tarascón
sicótico de involucrada señora novelera,
se engulle madia luna... ¡Llegas tú!
¡Me abrazas!
Me adulas, me besas...
Y, advirtiendo los lumínicos y salpicados
resplandores difusos, 'sin notar' las cuevas;
muy frescamente, a modo de bochornoso
halago y sedante gentileza,
me dices:
“¡Ay!
¡Cuantas lucesitas! ¡Que linda...!
¡Que linda, mi amor, decoraste la pieza!”
...
¡No llegas! ¡Estoy harto
de mantener a raya mis ansias!
La noche, -nerviosa de verme así-
desmigaja estrellas qué, furtivas y rápidas,
recogen las ratas... ¡Y brillan sus cuevas!
Y no vienes...
¡No llegas! -Y pienso-
¡Que triste es vivir en pobreza!
Me veo... ¡Mas pobre que una rata!
-Aún, de ocasional y sórdida riqueza.-
Pero,
así te espero. Embriagando anhelos.
¡Royendo nobleza!
Cuando,
ya histérica la noche, de un tarascón
sicótico de involucrada señora novelera,
se engulle madia luna... ¡Llegas tú!
¡Me abrazas!
Me adulas, me besas...
Y, advirtiendo los lumínicos y salpicados
resplandores difusos, 'sin notar' las cuevas;
muy frescamente, a modo de bochornoso
halago y sedante gentileza,
me dices:
“¡Ay!
¡Cuantas lucesitas! ¡Que linda...!
¡Que linda, mi amor, decoraste la pieza!”
...