Barzagath
Poeta recién llegado
Invocaré el suplicio de lo aborrecible
Con mi desespero, y esperare mi temible
Esperanza, ¡pues sólo así dejaré henchido
El olvido de un martirio escondido!
Y si las pupilas cunden de quietud mi luto,
Socavaré con hondísimos loores lo oculto.
Para evocar al albor, trastornado y enjuto,
Ya que así invadiré mi corazón vivo y estulto.
¡Entonces retozaré cómo un proscrito.
Cuyos fragores iluminan el nimbo del ocaso,
Paralizado con la muerte del tiempo escaso!
Ahogaré mi delirio, marchito y contrito,
Para no temer a la tiniebla y a la quimera,
Pues de ellas nace mi queja lastimera.
Aspiraré con premura, de tu seno cálido
Una profunda fragancia de opio y desventura,
La cual anidara incierta como la negrura
En mi pecho desolado, febril o pálido.
Barzagath, Buena Luna.
Con mi desespero, y esperare mi temible
Esperanza, ¡pues sólo así dejaré henchido
El olvido de un martirio escondido!
Y si las pupilas cunden de quietud mi luto,
Socavaré con hondísimos loores lo oculto.
Para evocar al albor, trastornado y enjuto,
Ya que así invadiré mi corazón vivo y estulto.
¡Entonces retozaré cómo un proscrito.
Cuyos fragores iluminan el nimbo del ocaso,
Paralizado con la muerte del tiempo escaso!
Ahogaré mi delirio, marchito y contrito,
Para no temer a la tiniebla y a la quimera,
Pues de ellas nace mi queja lastimera.
Aspiraré con premura, de tu seno cálido
Una profunda fragancia de opio y desventura,
La cual anidara incierta como la negrura
En mi pecho desolado, febril o pálido.
Barzagath, Buena Luna.