El descanso del gato

nelson majerczyk

Poeta adicto al portal
El hombre era fuerte de contextura con una vida por concluir.
Jubilado de un importante puesto directivo, solucionada su vida
económica, llena su despensa, poblada su biblioteca.
Pero ya no leía, casi no gastaba un centavo.
Sus hijos no lo visitaban, su mujer apenas lo toleraba.
Solo caminaba los 50 metros del espléndido Pent house que habitaba,
todas las mañanas daba pasos como un recluso de punta a punta de sus
dominios, 0.60 centímetros cada paso, aproximadamente 80 para
cubrir la medida de su terraza , izquierda a derecha y viceversa. Una hora
por día, lejos de hijos, mujer; sin influir en nada, ni en nadie.
Luego, cansado se servía un wiskey y llegaba a una conclusión sencilla.
Era un gato, acostado al sol.
Su vida era la de un gato, que ya ni caza ratones.
Nada más.

 
Última edición:
El hombre era fuerte de contextura con una vida por concluir.
Jubilado de un importante puesto directivo, solucionada su vida
económica, llena su despensa, poblada su biblioteca.
Pero ya no leía, casi no gastaba un centavo.
Sus hijos no lo visitaban, su mujer apenas lo toleraba.
Solo caminaba los 50 metros del espléndido Pent house que habitaba,
todas las mañanas daba pasos como un recluso de punta a punta de sus
dominios, 0.60 centímetros cada paso, aproximadamente 80 para
cubrir la medida de su terraza , izquierda a derecha y viceversa. Una hora
por día, lejos de hijos, mujer; sin influir en nada, ni en nadie.
Luego, cansado se servía un wiskey y llegaba a una conclusión sencilla.
Era un gato, acostado al sol.
Su vida era la de un gato, que ya ni caza ratones.
Nada más.

Por acá se les conoce como gato de chalet.
Un abrazo, Nelson.
 
El hombre era fuerte de contextura con una vida por concluir.
Jubilado de un importante puesto directivo, solucionada su vida
económica, llena su despensa, poblada su biblioteca.
Pero ya no leía, casi no gastaba un centavo.
Sus hijos no lo visitaban, su mujer apenas lo toleraba.
Solo caminaba los 50 metros del espléndido Pent house que habitaba,
todas las mañanas daba pasos como un recluso de punta a punta de sus
dominios, 0.60 centímetros cada paso, aproximadamente 80 para
cubrir la medida de su terraza , izquierda a derecha y viceversa. Una hora
por día, lejos de hijos, mujer; sin influir en nada, ni en nadie.
Luego, cansado se servía un wiskey y llegaba a una conclusión sencilla.
Era un gato, acostado al sol.
Su vida era la de un gato, que ya ni caza ratones.
Nada más.

Su vida nos puede parecer anodina, pero el ritmo consecuente lo siento como ese
reencuentro de espera de un final. me gusto mucho la narracion. saludos de luzyabsenta
 
Así nos sentimos muchos una vez jubilados teniéndolo todo y sin apreciar nada. Gusto en leerte.

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