oscardelaermita
Poeta recién llegado
A trazos voy configurando los planos topográficos
De mi alcatraz idílico,
La pista de despegue que me estoy preparando
Con los trozos de arco-iris que estraperlé
En mis últimas huidas hacia delante.
De mi alcatraz idílico,
La pista de despegue que me estoy preparando
Con los trozos de arco-iris que estraperlé
En mis últimas huidas hacia delante.
No deterioro lo irrecuperable
Lo conservo haciendo el esfuerzo del coleccionista de huesos
Que languidece a su par.
No recuerdo el día de ayer
Por lo que no me esperanza el de mañana.
Solo me refugio, al morir el verano, en el otoño,
El otoño que uno en mi recuerdo a la soledad,
Al encontrarme por fin solo.
El otoño es la garita a la que me exilio parasiempre.
Cartografío mis pecados y limo con mi lengua
Las espinas de pez que me crecen bajo las uñas.
Lo conservo haciendo el esfuerzo del coleccionista de huesos
Que languidece a su par.
No recuerdo el día de ayer
Por lo que no me esperanza el de mañana.
Solo me refugio, al morir el verano, en el otoño,
El otoño que uno en mi recuerdo a la soledad,
Al encontrarme por fin solo.
El otoño es la garita a la que me exilio parasiempre.
Cartografío mis pecados y limo con mi lengua
Las espinas de pez que me crecen bajo las uñas.
La razón de mi ausencia
Estriba en mis presencias.
Delicadoso y filántropo maniqueo
Olfateo el orín de la derrota,
Me obligo a la caída perentoria.
Estriba en mis presencias.
Delicadoso y filántropo maniqueo
Olfateo el orín de la derrota,
Me obligo a la caída perentoria.
Cuando tuve fuerzas y soldados
Conquisté el principado Tristeza
Y resucité en el trono del Reino-pez,
Haciéndome señor soberano del mundo ultraequiccional
Ya que conseguí la plata necesaria para hacerme del des-talento
Y del pasaje sereno al país sin persianas ni papeleras,
Al país donde yace Jim.
Conquisté el principado Tristeza
Y resucité en el trono del Reino-pez,
Haciéndome señor soberano del mundo ultraequiccional
Ya que conseguí la plata necesaria para hacerme del des-talento
Y del pasaje sereno al país sin persianas ni papeleras,
Al país donde yace Jim.
Soy la cresa espurea de un país
Que nunca imaginó Tomás Moro.
Aquí quepo yo,
Aquí mando yo
Y ordeno que solo habiten el país del desencanto
Los hábiles asesinos de las avispas
En el lavadero de los cerebros castos.
Que nunca imaginó Tomás Moro.
Aquí quepo yo,
Aquí mando yo
Y ordeno que solo habiten el país del desencanto
Los hábiles asesinos de las avispas
En el lavadero de los cerebros castos.
Aquí la muerte se huele,
Yo la huelo, la conozco,
Tiene aroma lapislázuli y color a menta del Atlas al atardecer.
La muerte en el reino de la tierra
Es la promisión divina para los condenados
Al planeta azul del demonio
Al que se le acaba el tiempo de descuento.
Conozco como huele, como sabe,
Como acaricia a sus invitados,
Por eso flirteo con ella,
Por eso coqueteo como el frugal amante
Que adivina sus partes intimas
Entre cava, coca, flores y sombras.
Yo la huelo, la conozco,
Tiene aroma lapislázuli y color a menta del Atlas al atardecer.
La muerte en el reino de la tierra
Es la promisión divina para los condenados
Al planeta azul del demonio
Al que se le acaba el tiempo de descuento.
Conozco como huele, como sabe,
Como acaricia a sus invitados,
Por eso flirteo con ella,
Por eso coqueteo como el frugal amante
Que adivina sus partes intimas
Entre cava, coca, flores y sombras.
Aquí vivo yo, aquí vivo y aquí muero,
Esculpiendo en piedra la escoria epitafial
con la que decorar la botella de Jim Bean en la que seré arrojado al mar
si mi hermano y Marcos no me joden
aun después de muerto.
Esculpiendo en piedra la escoria epitafial
con la que decorar la botella de Jim Bean en la que seré arrojado al mar
si mi hermano y Marcos no me joden
aun después de muerto.
Así son los personajes del país donde me dejo deslizar.
Así soy yo y así asumo el legado de mi trabajo
Tras muchos años de duro esfuerzo.
El fracaso para mí es
La mas resplandeciente victoria,
El istmo al que acudiré heroico
Disfrazado de mi mismo
Y pareciendo el arlequín de la postal
De la luna cuarto menguante.
La luna de los locos,
Esos que no los somos por el grado de nuestra locura,
Sino por hacer lo imposible por que lo estén los demás,
Esos que solo depuramos placer y dicha
De la materia del dolor,
Esos que nunca hablamos al sol sino a la luna.
Así soy yo y así asumo el legado de mi trabajo
Tras muchos años de duro esfuerzo.
El fracaso para mí es
La mas resplandeciente victoria,
El istmo al que acudiré heroico
Disfrazado de mi mismo
Y pareciendo el arlequín de la postal
De la luna cuarto menguante.
La luna de los locos,
Esos que no los somos por el grado de nuestra locura,
Sino por hacer lo imposible por que lo estén los demás,
Esos que solo depuramos placer y dicha
De la materia del dolor,
Esos que nunca hablamos al sol sino a la luna.
Soy el que se destruye para saber que soy yo
Y no todos los demás.
El que se arrepiente del tino
Y busca la falla para necesitar
el amparo de la pena,
el que busca, absolutario, el goce en la autodestrucción,
el que compró en la infancia el billete sin regreso
para la estación Malsobrevivir,
como una anunciada y fatal tragedia griega,
como colofón maldito,
como esputo de un planeta comunal con vida propia,
como una oscura imitación
de lo que podría haber sido la dicha.
Y no todos los demás.
El que se arrepiente del tino
Y busca la falla para necesitar
el amparo de la pena,
el que busca, absolutario, el goce en la autodestrucción,
el que compró en la infancia el billete sin regreso
para la estación Malsobrevivir,
como una anunciada y fatal tragedia griega,
como colofón maldito,
como esputo de un planeta comunal con vida propia,
como una oscura imitación
de lo que podría haber sido la dicha.
El país de los monólogos cáusticos
Donde se regalan barbitúricos en las tiendas de chuches,
Donde las chuches se retuercen en el duodeno
Declarando el dolor como estado marcial de tus intestinos,
Haciendo del vómito la divisa condecorativa de los reos-héroes nacionales.
Donde se regalan barbitúricos en las tiendas de chuches,
Donde las chuches se retuercen en el duodeno
Declarando el dolor como estado marcial de tus intestinos,
Haciendo del vómito la divisa condecorativa de los reos-héroes nacionales.
El país de los locos como yo.
El desviado de lo normal,
El celote atrincherado en el palacio herodiano
Profanando con mis frescos irreverentes
Los aposentos de los eruditos de la moral virgen.
El que encuentra el mérito no en la palabra de atril
Sino en el gesto, en la pose, en la desinencia,
La decadencia de la transgresión
Que arañe con rabia mis agujereadas venas.
El desviado de lo normal,
El celote atrincherado en el palacio herodiano
Profanando con mis frescos irreverentes
Los aposentos de los eruditos de la moral virgen.
El que encuentra el mérito no en la palabra de atril
Sino en el gesto, en la pose, en la desinencia,
La decadencia de la transgresión
Que arañe con rabia mis agujereadas venas.
El que no es hijo de nadie
Es un hijo de puta y,
Este es, pues, el país de todos los hijos de nadie.
Los que lo habitamos somos sinónimos de lo peor,
Un mal chiste de un humor sin hache,
Un parapeto que no parapeta,
Que decepciona a cada jornada de lucha.
Aquí se ama mucho, se bebe mucho,
Y, a día de hoy, y con los ojos vendados,
Esperamos la resurrección de la carne bajo esta losa
Es un hijo de puta y,
Este es, pues, el país de todos los hijos de nadie.
Los que lo habitamos somos sinónimos de lo peor,
Un mal chiste de un humor sin hache,
Un parapeto que no parapeta,
Que decepciona a cada jornada de lucha.
Aquí se ama mucho, se bebe mucho,
Y, a día de hoy, y con los ojos vendados,
Esperamos la resurrección de la carne bajo esta losa
Para estar desencantado hace falta
Haber estado alguna vez encantado.
En este país vivo solo y nunca me podréis visitar.
El desencanto es una imposición
Y tú un simple espectador.
Haber estado alguna vez encantado.
En este país vivo solo y nunca me podréis visitar.
El desencanto es una imposición
Y tú un simple espectador.