El era el deseo, el que se me venia a la mente
cada vez que tenia una moneda
y una fuente se atravesaba en mi camino,
"que importa el destino" me decía y me llevaba a cerrar los ojos
y a pedirle al viento con todas mis fuerzas que sea el mi universo,
que sea quien me llene el alma de millones de versos,
que sus labios sean el papel donde se plasme cada uno de ellos
y que sus ojos reflejen mis sueños,
le daba un pequeño beso a aquella moneda y al lanzarla
el alma se me iba en ella,
porque era único que conservaba, la esperanza, de ser
visible, de existir en su mundo,
quería que si con alguien debía compartir la vida, fuera con el.
Un deseo era para mi, sentir su aroma en mi piel,
contar a su lado las estrellas de un anochecer,
deseaba tanto ser parte de su vida,
que solo veía su luz en mis pupilas.
Y el... el nunca supo mi deseo,
porque nunca supo de mi, porque tal vez el deseo
correcto, era pedir el valor para decirlo,
para mirar sus hermosos ojos y sin importar el destino o el tiempo,
haber podido decir: ¡Te quiero!.