Oxigeno
Poeta recién llegado
Al crujir del cerrojo
cayeron: norma,
ley, precepto, orden y reglamento.
Solo quedó el verbo,
y dos pronombres, tu y yo.
El roce de nuestras miradas
tibiaba el calor de nuestros cuerpos.
El temblar de nuestros labios,
acompasados con la presión del musculo rey.
El núcleo, antes cerebral
dejó paso al visceral.
El tejido se deshacía ante
la gravedad de nuestras manos.
La ordenación no pertenecía a la razón
sino al deseo.
Sentir caer la ropa eran
cataratas de emociones.
Caímos al unísono al blanquecino prado
de sábanas almidonadas.
Cuyo frescor no hacía
más que avivar nuestro ardor.
Buscando los ángulos con nuestros brazos,
entrelazamos esos cuerpos celestes
hasta ahora desconocidos.
El tú y yo, fue nosotros.
cayeron: norma,
ley, precepto, orden y reglamento.
Solo quedó el verbo,
y dos pronombres, tu y yo.
El roce de nuestras miradas
tibiaba el calor de nuestros cuerpos.
El temblar de nuestros labios,
acompasados con la presión del musculo rey.
El núcleo, antes cerebral
dejó paso al visceral.
El tejido se deshacía ante
la gravedad de nuestras manos.
La ordenación no pertenecía a la razón
sino al deseo.
Sentir caer la ropa eran
cataratas de emociones.
Caímos al unísono al blanquecino prado
de sábanas almidonadas.
Cuyo frescor no hacía
más que avivar nuestro ardor.
Buscando los ángulos con nuestros brazos,
entrelazamos esos cuerpos celestes
hasta ahora desconocidos.
El tú y yo, fue nosotros.