El Despertar de un mal paso.

José Ignacio Ayuso Diez

Epicuro y la ataraxia, sin miedos ...
Esta mañana de junio, no fue una mañana cualquiera

salí de paseo buscando caminar por la alameda.

Pero sin saber ni cómo ni de qué manera,

di un mal paso al bajarme de la acera.

Y cómo no, me he torcido el pie

y el tobillo parece una panera.


Ese dolor intenso y agudo hizo detenerme

y buscar un lugar próximo donde poder caerme,

no había sitio alguno, todo estaba ocupado,

se oían gritos de dolor, de gente con tobillos hinchados.

El ulular de las sirenas acompañaba

los lamentos de lisiados abandonados.

Esta mañana hubo miles de torceduras.

No comprendía nada, ¿por qué nos torcemos el pie?


Me alejé por el camino que bordea el río

buscando sombra entre los álamos

no había sombras, ni álamos.

Solo el lecho del río, no me lo podía creer.

Me asomé al río para refrescar el pie,

el río estaba seco, su dulce y fresca agua

se había ausentado, estaba lejos,

no quería a su lecho volver.


Quise huir de aquella visión

pero me paralizaba el dolor del pie,

y me asfixiaba el calor del sol.

No había agua ni sombra que me aliviara

el miedo de mí se apoderaba

quería correr y refugiarme,

pero las piernas se bloqueaban

y quise gritar auxilio,

pero tenía la garganta seca, ni un hilo de voz asomaba

y entonces cerré los puños y los ojos con fuerza

… y desperté.

Autor: José Ignacio Ayuso Diez.
 
Hay pesadillas que no tienen explicación y resultan tan reales que despierta uno sobresaltado y sudoroso. Bien representada en tu poema.

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Esta mañana de junio, no fue una mañana cualquiera

salí de paseo buscando caminar por la alameda.

Pero sin saber ni cómo ni de qué manera,

di un mal paso al bajarme de la acera.

Y cómo no, me he torcido el pie

y el tobillo parece una panera.


Ese dolor intenso y agudo hizo detenerme

y buscar un lugar próximo donde poder caerme,

no había sitio alguno, todo estaba ocupado,

se oían gritos de dolor, de gente con tobillos hinchados.

El ulular de las sirenas acompañaba

los lamentos de lisiados abandonados.

Esta mañana hubo miles de torceduras.

No comprendía nada, ¿por qué nos torcemos el pie?


Me alejé por el camino que bordea el río

buscando sombra entre los álamos

no había sombras, ni álamos.

Solo el lecho del río, no me lo podía creer.

Me asomé al río para refrescar el pie,

el río estaba seco, su dulce y fresca agua

se había ausentado, estaba lejos,

no quería a su lecho volver.


Quise huir de aquella visión

pero me paralizaba el dolor del pie,

y me asfixiaba el calor del sol.

No había agua ni sombra que me aliviara

el miedo de mí se apoderaba

quería correr y refugiarme,

pero las piernas se bloqueaban

y quise gritar auxilio,

pero tenía la garganta seca, ni un hilo de voz asomaba

y entonces cerré los puños y los ojos con fuerza

… y desperté.

Autor: José Ignacio Ayuso Diez.
Un sueño donde es estadio de los espacios van vertiendo
esas navegaciones relacionadas que dejan una bella
escenografia poetica. todo consensuado en el flujo
supremo de una imaginacion vestida de cierta
verdad. los problemas siempre se suman.
bellissimo. saludos amables de luzyabsenta
 
Un sueño donde es estadio de los espacios van vertiendo
esas navegaciones relacionadas que dejan una bella
escenografia poetica. todo consensuado en el flujo
supremo de una imaginacion vestida de cierta
verdad. los problemas siempre se suman.
bellissimo. saludos amables de luzyabsenta

Muchas gracias Luzyabsenta, agradecido de corazón por tus palabras. Un abrazo.
 
Muy realista tu poesía, me gustaron los recursos que utilizaste para dar pie a esa terrible pesadilla a algo tan interesante de leer. Un saludo.
 

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