Füre
Poeta recién llegado
El desterrado
II
Forjé una luna con color de aurora,
para las noches en que la crueldad
de la niebla del hombre que está solo,
se despliega en su plena dimensión.
Con la mirada ebria la contemplo,
y a demonios que habitan en mi pecho
el sueño les exijo, así yo puedo
permanecer despierto sin dolor.
Su solidez se quiebra, frágil como
mi valor, cuando el pérfido clamor
que hace la realidad turba mi oído,
me reseca la boca, a mis pupilas
con la desesperanza las empapa
y despierta los fuegos en mi pecho.
El cristal del ensueño se fractura
y el miedo a mi memoria otra vez vuelve.
Cuando puedo escapar de las mundanas
dimensiones, se luce mi halo, intenso,
con dorado fulgor; mas la calígine
provoca al padecer en la prisión,
cuyos barrotes son impenetrables —
en el eterno juicio, donde el vértigo —
la imposibilidad de redención,
estremece mi espíritu sangrante.
II
Forjé una luna con color de aurora,
para las noches en que la crueldad
de la niebla del hombre que está solo,
se despliega en su plena dimensión.
Con la mirada ebria la contemplo,
y a demonios que habitan en mi pecho
el sueño les exijo, así yo puedo
permanecer despierto sin dolor.
Su solidez se quiebra, frágil como
mi valor, cuando el pérfido clamor
que hace la realidad turba mi oído,
me reseca la boca, a mis pupilas
con la desesperanza las empapa
y despierta los fuegos en mi pecho.
El cristal del ensueño se fractura
y el miedo a mi memoria otra vez vuelve.
Cuando puedo escapar de las mundanas
dimensiones, se luce mi halo, intenso,
con dorado fulgor; mas la calígine
provoca al padecer en la prisión,
cuyos barrotes son impenetrables —
en el eterno juicio, donde el vértigo —
la imposibilidad de redención,
estremece mi espíritu sangrante.
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