Juan Oriental
Poeta que considera el portal su segunda casa
...
Hoy subiré al desván, verás...
A buscar en viejas fotos
nuestra sonrisa.
La que ya no nos dedicamos.
A no ser, irónicamente.
A hurgar subiré,
nuestros amantes recuerdos
en ciertos objetos
que en un tiempo fueron,
cálido agasajo.
A desatar cartas y releer besos.
Mismos que el amor,
corría llevando y trayendo,
¡tan ilusionado!
Subiré al desván, y quizás
encuentre algo
que reanime un poco, éste
pálido “amor” nuestro.
Quizás, ese “algo”
le devuelva la fe a tus hoy,
tristes ojos pardos
y a mi anhelo méndigo
de su evasiva luz.
O quizás, prepare yo, con todo,
mi magro equipaje
de estáticos abrazos
y enseres de otros tiempos;
Para así, emprender con él
para siempre, mi viaje
a tu interés, allende tu desgano.
Allí, donde tus suspiros
empañen de nuevo,
mi corazón cristalino, mismo,
que conservo intacto.
Y, si te arrepientes,
de mi doliente -por forzosa-
deserción, cosa que no harás,
pero si lo hicieras,
¡no me pidas nada!
Ni sonrisas ni abrazos, ¡ni besos!
Por mas estropeados que luzcan,
no te daré... ¡Ni esto!
Pues, al fin y al cabo subir...
subir al desván,
fue mi propio mérito.
Que a ti no te importa pues...
“¡No te intereso!”
..................................................
En fin.
Este despechado ejemplo, es simple
demostración de afectado amor, como impotente,
estéril 'amenaza', dirigida por el muy furibundo
Don Pedro a la despreocupada Doña Delia.
Pues, viceversa, ella, otro día subirá al desván
con similar argumento.
Que así, amándose y gruñendo, han logrado
convivir estos dos septuagenarios tórtolos
por: ¡Cincuenta y cuatro años!
Quizás, un día aciago (Dios no lo permita)
uno, o los dos, sean hallados dormidos
eternamente en su mediador desván.
Pero, "¡¿separarse...?! Y por un:
quítame de ahí esas pajas
cual matrimonios modernos; con esa
fresca desvergüenza. ¡Que esperanza!
¡Nunca jamás!" Aseguran ambos sin mirarse
pero destellando en sus ojos, el hondo reclamo
que aviva su recóndito odio-amor.
¡Que lindos viejos!
©Juan Oriental
Hoy subiré al desván, verás...
A buscar en viejas fotos
nuestra sonrisa.
La que ya no nos dedicamos.
A no ser, irónicamente.
A hurgar subiré,
nuestros amantes recuerdos
en ciertos objetos
que en un tiempo fueron,
cálido agasajo.
A desatar cartas y releer besos.
Mismos que el amor,
corría llevando y trayendo,
¡tan ilusionado!
Subiré al desván, y quizás
encuentre algo
que reanime un poco, éste
pálido “amor” nuestro.
Quizás, ese “algo”
le devuelva la fe a tus hoy,
tristes ojos pardos
y a mi anhelo méndigo
de su evasiva luz.
O quizás, prepare yo, con todo,
mi magro equipaje
de estáticos abrazos
y enseres de otros tiempos;
Para así, emprender con él
para siempre, mi viaje
a tu interés, allende tu desgano.
Allí, donde tus suspiros
empañen de nuevo,
mi corazón cristalino, mismo,
que conservo intacto.
Y, si te arrepientes,
de mi doliente -por forzosa-
deserción, cosa que no harás,
pero si lo hicieras,
¡no me pidas nada!
Ni sonrisas ni abrazos, ¡ni besos!
Por mas estropeados que luzcan,
no te daré... ¡Ni esto!
Pues, al fin y al cabo subir...
subir al desván,
fue mi propio mérito.
Que a ti no te importa pues...
“¡No te intereso!”
..................................................
En fin.
Este despechado ejemplo, es simple
demostración de afectado amor, como impotente,
estéril 'amenaza', dirigida por el muy furibundo
Don Pedro a la despreocupada Doña Delia.
Pues, viceversa, ella, otro día subirá al desván
con similar argumento.
Que así, amándose y gruñendo, han logrado
convivir estos dos septuagenarios tórtolos
por: ¡Cincuenta y cuatro años!
Quizás, un día aciago (Dios no lo permita)
uno, o los dos, sean hallados dormidos
eternamente en su mediador desván.
Pero, "¡¿separarse...?! Y por un:
quítame de ahí esas pajas
cual matrimonios modernos; con esa
fresca desvergüenza. ¡Que esperanza!
¡Nunca jamás!" Aseguran ambos sin mirarse
pero destellando en sus ojos, el hondo reclamo
que aviva su recóndito odio-amor.
¡Que lindos viejos!
©Juan Oriental
Última edición: