Rey de la Patagonia
Poeta adicto al portal
…
A veces te echo de menos
y me siento a recordarte,
como si le faltara una cuerda a mi guitarra
como si le faltara un hoja a mi cuaderno
como si de pronto no encontrara
uno de mis zapatos,
así te echo de menos.
De pronto percibo que el reloj
tiene once horas,
que se detuvo a las ocho,
que no han sonado las campanas,
que es de día de nuevo,
que me ha crecido demasiado la barba
y que no hay fuego en esta casa
hace ya demasiados días.
Yo juego a olvidarte
y recorro la casa buscando algo
que jamás encuentro,
un encendedor que me sirva,
una falla en mis camisas,
el final de las cornisas,
o en la cara del perro, una sonrisa,
y busco aquella caja vacía
que imagino dejaste,
esa caja que pintabas con tus manos
cuando las palabras dormían
y el tiempo moría
sin siquiera darnos cuenta.
Yo juego a olvidarte
y lo logro la mayor parte de día,
te olvido completamente
mientras recorro la casa
buscando algo que jamás encuentro,
pero tú,
te conviertes en la cuerda que falta,
en la hora que falta,
en la música exacta,
en una llamada perdida,
en un otoño completo,
en el encendedor que enciende
y en el zapato que encuentro.
Eres el detalle de toda tu ausencia
y te conviertes invariablemente
en casi un día completo de olvido,
yo no contesto el teléfono,
y tú eres la verde luz palpitante
el resto de la vida,
justo a las ocho
y por once horas exactas.
Un día de estos debo afeitarme
dar cuerda al reloj,
y comprar un nuevo encendedor,
a veces te echo de menos
y juego a olvidarte,
y recorro la casa
buscando algo que jamás encuentro,
y te conviertes perdurablemente
en el detalle donde cabe
toda tu ausencia.
A veces te echo de menos
y me siento a recordarte.
…
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