Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Hoy dijeron mi nombre
y sentí que hablaban de otro.
No me dolió…
me dio rabia.
Porque ese nombre
cargó mis errores,
mis noches mal dormidas,
mis ganas de quedarme donde no me querían…
y ahora resulta
que ya no me pertenece.
Mi nombre sabe demasiado de mí.
Sabe en qué cama me rompí.
¿Sabe a quién le mentí diciendo “estoy bien”?
Sabe las veces que me quedé
cuando lo correcto era irme.
Mi nombre…
ha sido testigo de todo
y aun así
no tuvo el valor de quedarse conmigo.
Hoy lo escuché
y no volteé.
Porque estoy cansado
de responder por alguien
que ya no existe.
Fui ese.
Sí.
El que amaba mal.
El que daba de más
a quien no daba nada.
El que se vaciaba
y luego se preguntaba
por qué dolía tanto estar vacío.
Ese llevaba mi nombre.
Pero yo…
yo ya no quiero ser ese.
Me lo quité
como se quita uno una herida vieja:
sin cuidado…
sin ceremonia…
dejando que sangre lo que tenga que sangrar.
Ahora camino sin nombre.
Y no,
no es libertad.
Es incertidumbre.
Es mirarme al espejo
y no saber cómo llamarme
sin mentirme.
Porque decir mi nombre
es aceptar todo lo que fui…
y no sé si tengo ganas
de cargarlo otra vez.
Tal vez algún día
vuelva a pronunciarlo
sin sentir vergüenza.
Sin sentir que estoy invocando
a alguien que no supo cuidarse.
Pero hoy…
hoy prefiero este silencio.
Este espacio donde nadie me llama.
Este lugar incómodo
donde no tengo nombre…
pero tampoco tengo que fingir
que sigo siendo el mismo.
Y si alguien vuelve a decirlo…
tal vez esta vez
no responda.
No por olvido…
sino porque estoy cansado
de ser quien fui
cuando todavía no sabía
cuánto me iba a doler
convertirme en mí.
y sentí que hablaban de otro.
No me dolió…
me dio rabia.
Porque ese nombre
cargó mis errores,
mis noches mal dormidas,
mis ganas de quedarme donde no me querían…
y ahora resulta
que ya no me pertenece.
Mi nombre sabe demasiado de mí.
Sabe en qué cama me rompí.
¿Sabe a quién le mentí diciendo “estoy bien”?
Sabe las veces que me quedé
cuando lo correcto era irme.
Mi nombre…
ha sido testigo de todo
y aun así
no tuvo el valor de quedarse conmigo.
Hoy lo escuché
y no volteé.
Porque estoy cansado
de responder por alguien
que ya no existe.
Fui ese.
Sí.
El que amaba mal.
El que daba de más
a quien no daba nada.
El que se vaciaba
y luego se preguntaba
por qué dolía tanto estar vacío.
Ese llevaba mi nombre.
Pero yo…
yo ya no quiero ser ese.
Me lo quité
como se quita uno una herida vieja:
sin cuidado…
sin ceremonia…
dejando que sangre lo que tenga que sangrar.
Ahora camino sin nombre.
Y no,
no es libertad.
Es incertidumbre.
Es mirarme al espejo
y no saber cómo llamarme
sin mentirme.
Porque decir mi nombre
es aceptar todo lo que fui…
y no sé si tengo ganas
de cargarlo otra vez.
Tal vez algún día
vuelva a pronunciarlo
sin sentir vergüenza.
Sin sentir que estoy invocando
a alguien que no supo cuidarse.
Pero hoy…
hoy prefiero este silencio.
Este espacio donde nadie me llama.
Este lugar incómodo
donde no tengo nombre…
pero tampoco tengo que fingir
que sigo siendo el mismo.
Y si alguien vuelve a decirlo…
tal vez esta vez
no responda.
No por olvido…
sino porque estoy cansado
de ser quien fui
cuando todavía no sabía
cuánto me iba a doler
convertirme en mí.