danie
solo un pensamiento...
Un día rajé el matiz del lápiz
y sobre una hoja con savia de papiro
derramé poesía.
Vertí versos de liras
sobre un busto blanquecino
que amalgama la inocencia Andina,
odas de alas libres
con aguas mieles y almíbar,
cantos de pardales
que surcan un mar de sueños
Mis sueños, los sueños de los vivos,
de las calandrias que emigran
al sol de una utópica rutina,
de los anhelos de los nautas
pernoctando en los arrecifes
de náyades olímpicas,
de un manto de día
sobre la calima noctívaga,
un arcoíris de Amaranta
con esperanza esmeralda
sobre la tupida lluvia sombría,
un sorbo de aliento abstersivo
para las muscíneas y sus letanías,
para extirpar sombras de helechos
más grandes que ébanos de heleros
y sus catedrales sin cielo,
más hondos que piélagos
infinitos y eternos
de disuadida melancolía.
Un día destilé de un anaquel
colmado de libros,
los más preciados versos
de la bucólica armonía,
seráficos deleites de mieles
con corolas de Calíope marina.
Un día
una ninfa quimera
y sobre una hoja con savia de papiro
derramé poesía.
Vertí versos de liras
sobre un busto blanquecino
que amalgama la inocencia Andina,
odas de alas libres
con aguas mieles y almíbar,
cantos de pardales
que surcan un mar de sueños
Mis sueños, los sueños de los vivos,
de las calandrias que emigran
al sol de una utópica rutina,
de los anhelos de los nautas
pernoctando en los arrecifes
de náyades olímpicas,
de un manto de día
sobre la calima noctívaga,
un arcoíris de Amaranta
con esperanza esmeralda
sobre la tupida lluvia sombría,
un sorbo de aliento abstersivo
para las muscíneas y sus letanías,
para extirpar sombras de helechos
más grandes que ébanos de heleros
y sus catedrales sin cielo,
más hondos que piélagos
infinitos y eternos
de disuadida melancolía.
Un día destilé de un anaquel
colmado de libros,
los más preciados versos
de la bucólica armonía,
seráficos deleites de mieles
con corolas de Calíope marina.
Un día
una ninfa quimera
desglosó las palabras
de las odas del viento
y me las ofrendó con belfos veraniegos,
con senos de hadas envueltas
en paños de terciopelo
Un día conocí el incienso,
la gomorresina fragante
de ángeles guardianes;
la hostia que alimenta
y sacia a la hambruna del cuerpo
con su aura cálida
de un célebre beso
de damas y madres
en mi mejilla latina;
de los arrumacos apretujados
por los hogareños céfiros
de mi niño protegido
y su suelto canto de voz de alturas
con sus escasas palabras balbuceando
un te quiero. ¡Yo, aún más vida!
Desde ese día conozco la poesía
de las odas del viento
y me las ofrendó con belfos veraniegos,
con senos de hadas envueltas
en paños de terciopelo
Un día conocí el incienso,
la gomorresina fragante
de ángeles guardianes;
la hostia que alimenta
y sacia a la hambruna del cuerpo
con su aura cálida
de un célebre beso
de damas y madres
en mi mejilla latina;
de los arrumacos apretujados
por los hogareños céfiros
de mi niño protegido
y su suelto canto de voz de alturas
con sus escasas palabras balbuceando
un te quiero. ¡Yo, aún más vida!
Desde ese día conozco la poesía