Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Anoche soñé que reías,
y el sonido era un cristal rompiéndose en la madrugada,
un destello de luz en la oscuridad de lo que no puedo solucionar.
Anoche te vi dormir en medio de tus lágrimas,
y cada una era una palabra que yo no había dicho,
una batalla que no había luchado por ti.
Tu dolor es una piedra en mi pecho,
un peso que cargo en la boca cada vez que intento hablar,
decir algo que suene como un adiós a este tormento.
Él te ha marcado la piel, sí,
pero yo llevo esas cicatrices en el alma,
y me duelen más cuando la luna llena ilumina tu tristeza.
¿Cómo puedo decirte que todo estará bien
cuando cada noche deshaces el mundo con tu llanto,
y cada día lo reconstruyes con tu sonrisa forzada?
No soy más que un hombre, amor,
un hombre que se quiebra al verte así,
inútil, torpe, perdido en mi deseo de arrancarte de sus manos.
Te ofrezco todo lo que soy,
mis brazos, mi pecho, mi voz,
mis palabras que son puentes frágiles sobre el abismo que te separa de la felicidad.
Sueño con el día en que puedas volar de nuevo,
sin sombras en tus ojos,
sin heridas en tu risa,
libre, como siempre debiste ser.
y el sonido era un cristal rompiéndose en la madrugada,
un destello de luz en la oscuridad de lo que no puedo solucionar.
Anoche te vi dormir en medio de tus lágrimas,
y cada una era una palabra que yo no había dicho,
una batalla que no había luchado por ti.
Tu dolor es una piedra en mi pecho,
un peso que cargo en la boca cada vez que intento hablar,
decir algo que suene como un adiós a este tormento.
Él te ha marcado la piel, sí,
pero yo llevo esas cicatrices en el alma,
y me duelen más cuando la luna llena ilumina tu tristeza.
¿Cómo puedo decirte que todo estará bien
cuando cada noche deshaces el mundo con tu llanto,
y cada día lo reconstruyes con tu sonrisa forzada?
No soy más que un hombre, amor,
un hombre que se quiebra al verte así,
inútil, torpe, perdido en mi deseo de arrancarte de sus manos.
Te ofrezco todo lo que soy,
mis brazos, mi pecho, mi voz,
mis palabras que son puentes frágiles sobre el abismo que te separa de la felicidad.
Sueño con el día en que puedas volar de nuevo,
sin sombras en tus ojos,
sin heridas en tu risa,
libre, como siempre debiste ser.