dark-maiden
Poeta fiel al portal
Infructuoso es el camino del odio.
Las llamas te invitan a incinerarte en ellas.
El calor de este tiempo es dominado por la hoguera,
Para el que no siente, las armas son un arte.
Para el que teme, el fusil es su alivio.
Las bombas caen sobre la vida.
El sabor de la sangre es cada vez más intenso;
deleitante lo encuentran los gobernantes.
Nunca debimos nacer, y, de haber nacido,
jamás tuvimos que sobrevivir.
Los tiempos más oscuros abrazan la tierra.
Una época en la que la guerra es una maestría.
No sé cual es la finalidad de hablar,
la sociedad lo detesta, después de haber explotado
esa capacidad hasta extremos de dolor verbal.
Los humanos solo entienden el dialecto
de las explosiones y bombardeos.
No hay ninguna justificación para el caos.
Ni historia, ni pasado, ni religión, ni nada.
¿Qué es lo más triste de esta historia?
La normalidad.
Todo lo vemos normal y cotidiano.
Pensar que las imágenes no son reales,
es muy filosófico.
Pero no es lo adecuado cuando sabemos de sobra
que otros mueren en este instante.
Se pueden debatir muchas cosas,
pero la guerra sigue ahí.
Es muy fácil ponerse de parte de uno,
o de otro, pero eso no es más que fomentar
un espectáculo macabro y genocida.
Nos aislamos en nuestros mundos
del bienestar, pero fuera se aislan
en sus mundos de la supervivencia
y del miedo.
¿Quién les manda? ¿Quién les para?
¿Quién les hace ver que esto no es un juego?
Se me carcome sola la conciencia de ver
que detrás de este mar rojo, se encuentra
el credo arrodillado pidiendo sangre
porque la paz es aburrida.
El miedo a morir nos lleva a matar.
¡Qué humillante contradicción!
Las llamas te invitan a incinerarte en ellas.
El calor de este tiempo es dominado por la hoguera,
Para el que no siente, las armas son un arte.
Para el que teme, el fusil es su alivio.
Las bombas caen sobre la vida.
El sabor de la sangre es cada vez más intenso;
deleitante lo encuentran los gobernantes.
Nunca debimos nacer, y, de haber nacido,
jamás tuvimos que sobrevivir.
Los tiempos más oscuros abrazan la tierra.
Una época en la que la guerra es una maestría.
No sé cual es la finalidad de hablar,
la sociedad lo detesta, después de haber explotado
esa capacidad hasta extremos de dolor verbal.
Los humanos solo entienden el dialecto
de las explosiones y bombardeos.
No hay ninguna justificación para el caos.
Ni historia, ni pasado, ni religión, ni nada.
¿Qué es lo más triste de esta historia?
La normalidad.
Todo lo vemos normal y cotidiano.
Pensar que las imágenes no son reales,
es muy filosófico.
Pero no es lo adecuado cuando sabemos de sobra
que otros mueren en este instante.
Se pueden debatir muchas cosas,
pero la guerra sigue ahí.
Es muy fácil ponerse de parte de uno,
o de otro, pero eso no es más que fomentar
un espectáculo macabro y genocida.
Nos aislamos en nuestros mundos
del bienestar, pero fuera se aislan
en sus mundos de la supervivencia
y del miedo.
¿Quién les manda? ¿Quién les para?
¿Quién les hace ver que esto no es un juego?
Se me carcome sola la conciencia de ver
que detrás de este mar rojo, se encuentra
el credo arrodillado pidiendo sangre
porque la paz es aburrida.
El miedo a morir nos lleva a matar.
¡Qué humillante contradicción!