elissp
Poeta recién llegado
El silencio se apoderaba de mí; habían pasado ya seis horas, varios días o varios años -no se sabe con exactitud qué es lo que pasa cuando tu cuerpo y tu mente no se complementan-; No sé qué es real y que es ficticio. He vivido varios siglos en apenas un segundo y apenas un segundo en varios meses. El tiempo se me ha regado y se ha escurrido entre mis dedos. Muchas veces me pongo a pensar que será de mí, de mi existencia; Tenemos un principio y un fin, una instancia sobre esta tierra y después tenemos que volver al él. Son estas las ideas que turban mi lenta muerte. El temor más grande que he podido experimentar, es justamente el que me mantiene vivo, !el miedo a la inexistencia! Todo se resume en esto "la inexistencia del alma y el espíritu", como un sueño profundo en aquellos en los que no sabes que pasa; todas esas horas desde que te quedas dormido y los momentos antes de despertar, en los que empiezas a soñar. Muchas veces me pregunto, si eso lo explica; me pregunto que si somos energía y, al igual que está, únicamente nos transformamos en una forma constantemente cambiante.
Habían pasado ya tres años desde que caí en este sueño profundo; esa sensación de ser un muñeco que no se mueve con voluntad. Querer gritar y salir corriendo, aprisionado dentro sí mismo. La decisión se me niega constantemente; no existe reproche alguno para esta cruel pelea. Son varias veces al día en que creo ver algo conocido, luego me acuerdo que mis ojos están cerrados -no los he abierto durante estos tres años-, pero no todo está perdido; la conciencia humana es algo realmente maravilloso. Este estado me ha permitido meditar mucho, aunque, de cierto modo -tengo que admitirlo-, me he vuelto algo paranoico. Todo parece estar en mi contra -si es que en realidad no es así-, aun no logro comprender porque me mantienen vivo, tenía la impresión de estar completamente solo en este mundo. Los conflictos siempre han acompañado mi existencia: Mi primera pelea fue a los cuatros años de edad, lo recuerdo claramente o creo recordarlo: Era un día lluvioso, yo jugaba con mi hermano mayor, Jonathan; Eramos muy traviesos. siempre corriendo por la sala, pero fue justo en ese momento en que él se resbalo y termino por empujarme a mí, y como todo en la niñez cuando se juega en un lugar prohibido, termina por romperse en pedazos algo. Era el jarrón favorito de mamá.En un instante el más cruel de los sentimientos recorría mi mente: ¿Qué pasara después? ¿Qué castigo me darán? "No ha sido mi culpa, !Jonathan me ha empujado!", muchas excusas pasaron por mi mente; sin embargo, se apodero de mi la más cruel y malvada de todas: Echar sobre mi hermano toda la culpa, algo me decía que él se encontraba en la misma meditación profunda, era el o yo. Después de eso; lo único que pudimos hacer y de manera casi exacta fue echarnos la culpa y al no existir ni juez ni juzgado en ese momento, nos agarramos a golpes. Vaya que extraño verlo, !cuanto me alegraría verlo aunque sea un momento!, si ya de por si no lo veía mucho antes del accidente ahora no lo veo jamás. Cuando uno está en coma se desconecta del mundo exterior, o eso es lo que yo creía.
No es por presumir pero yo siempre he sido muy imaginativo, y es por esto que mi suplicio se ha reducido un poco. Ya son varias los años en que vivo en este mundo aparte, ajeno a la realidad; este mundo tan mío; el mundo del pensamiento. "¿Cómo empezar un mundo? Bueno, primero se necesita de un lugar, unos cuantos muebles", me decía. "Unos arreglos por aquí y por allá", qué más da, después de todo, tenía mucho tiempo para hacerlo. Cada día me sumergí en este espectáculo particular, debí haber visto y escuchado muchas cosas antes del accidente, los recuerdos estaban casi intactos, casi podía sentir el rose de la lluvia sobre mí cuerpo.
Son extraños estos momentos confusos, en los que pareciese que los personajes de mi mundo se hicieran reales y cobraran vida; !como espectros tenebrosos que intentan suplantar mi realidad! Esta realidad que me ha proporcionado, !un suplicio confortable! Entre un mundo de muñecos inanimados -de juguetes, de movimientos planeados-, que con el tiempo han tomado forma. Los días pasan guiados únicamente por tiempo imaginario -tan real a veces-, escribí en mis recuerdos nuevas aventuras en este mundo fantástico. Era Isabel la que a veces visitaba mi reino, sin forma alguna al principio, desvanecida quizá por la neblina, pero ahora tan real como yo mismo; o Luis, mi amigo de innumerables aventuras, siempre a mi lado (pareciese que llevara registro de mis movimientos, pues siempre está ahí cuando lo busco). "Las mañanas son largas o cortas, pero siempre inmóviles de vida"; eso me digo cuando entro de golpe a la realidad, todo se desvanece en un momento y sigo siendo, !el muñeco en una cama!.
Habían pasado ya tres años desde que caí en este sueño profundo; esa sensación de ser un muñeco que no se mueve con voluntad. Querer gritar y salir corriendo, aprisionado dentro sí mismo. La decisión se me niega constantemente; no existe reproche alguno para esta cruel pelea. Son varias veces al día en que creo ver algo conocido, luego me acuerdo que mis ojos están cerrados -no los he abierto durante estos tres años-, pero no todo está perdido; la conciencia humana es algo realmente maravilloso. Este estado me ha permitido meditar mucho, aunque, de cierto modo -tengo que admitirlo-, me he vuelto algo paranoico. Todo parece estar en mi contra -si es que en realidad no es así-, aun no logro comprender porque me mantienen vivo, tenía la impresión de estar completamente solo en este mundo. Los conflictos siempre han acompañado mi existencia: Mi primera pelea fue a los cuatros años de edad, lo recuerdo claramente o creo recordarlo: Era un día lluvioso, yo jugaba con mi hermano mayor, Jonathan; Eramos muy traviesos. siempre corriendo por la sala, pero fue justo en ese momento en que él se resbalo y termino por empujarme a mí, y como todo en la niñez cuando se juega en un lugar prohibido, termina por romperse en pedazos algo. Era el jarrón favorito de mamá.En un instante el más cruel de los sentimientos recorría mi mente: ¿Qué pasara después? ¿Qué castigo me darán? "No ha sido mi culpa, !Jonathan me ha empujado!", muchas excusas pasaron por mi mente; sin embargo, se apodero de mi la más cruel y malvada de todas: Echar sobre mi hermano toda la culpa, algo me decía que él se encontraba en la misma meditación profunda, era el o yo. Después de eso; lo único que pudimos hacer y de manera casi exacta fue echarnos la culpa y al no existir ni juez ni juzgado en ese momento, nos agarramos a golpes. Vaya que extraño verlo, !cuanto me alegraría verlo aunque sea un momento!, si ya de por si no lo veía mucho antes del accidente ahora no lo veo jamás. Cuando uno está en coma se desconecta del mundo exterior, o eso es lo que yo creía.
No es por presumir pero yo siempre he sido muy imaginativo, y es por esto que mi suplicio se ha reducido un poco. Ya son varias los años en que vivo en este mundo aparte, ajeno a la realidad; este mundo tan mío; el mundo del pensamiento. "¿Cómo empezar un mundo? Bueno, primero se necesita de un lugar, unos cuantos muebles", me decía. "Unos arreglos por aquí y por allá", qué más da, después de todo, tenía mucho tiempo para hacerlo. Cada día me sumergí en este espectáculo particular, debí haber visto y escuchado muchas cosas antes del accidente, los recuerdos estaban casi intactos, casi podía sentir el rose de la lluvia sobre mí cuerpo.
Son extraños estos momentos confusos, en los que pareciese que los personajes de mi mundo se hicieran reales y cobraran vida; !como espectros tenebrosos que intentan suplantar mi realidad! Esta realidad que me ha proporcionado, !un suplicio confortable! Entre un mundo de muñecos inanimados -de juguetes, de movimientos planeados-, que con el tiempo han tomado forma. Los días pasan guiados únicamente por tiempo imaginario -tan real a veces-, escribí en mis recuerdos nuevas aventuras en este mundo fantástico. Era Isabel la que a veces visitaba mi reino, sin forma alguna al principio, desvanecida quizá por la neblina, pero ahora tan real como yo mismo; o Luis, mi amigo de innumerables aventuras, siempre a mi lado (pareciese que llevara registro de mis movimientos, pues siempre está ahí cuando lo busco). "Las mañanas son largas o cortas, pero siempre inmóviles de vida"; eso me digo cuando entro de golpe a la realidad, todo se desvanece en un momento y sigo siendo, !el muñeco en una cama!.
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