el dilema de Menelao

miara

Poeta asiduo al portal
Menelao el león.
andaba que bufaba,
¿y por qué razón?;
porque su parienta
los cuernos le ponía
y eso mucho le afrentaba.

"Esto te pasa",
le decía Onofre,
su quinto hermano
de camada,
"por casarte con ella,
tonto capricho el tuyo;
¡con las leonas que había
y te fijaste en "eso"!.

Onofre tenía toda la razón,
pues Menelao se casó
con la dichosa Helena,
que no era carnívora,
sino una cebra del montón.

"¡Qué rayas tan bonitas!,
¡qué ojos tan pintureros!,
¡qué ancas tan bien puestas!,
¡qué bien mueves la cola, mi amor!".

Aunque le dijeron, una y mil veces,
que era una anomalía el romance,
que era innatural lo de su unión,
Menelao tenía un gran defecto
y es que era muy cabezón.

Fue la comidilla de todos,
pero con todas las consecuencias
se tragaron el bodón;
y aunque al principio
como la seda iba todo,
la cabra (mejor dicho, el herbívoro)
siempre tira al monte
y Helena se desencantó,
sobre todo por las costumbres
culinarias del marido,
y empezó a tontear con un ñu.

"No lo veas por la tremenda.
Tu divorcio es la solución,
mas no habrá papeles ni historias",
le dijo Onofre conciliador.
"Meriéndate a tu esposa
y se acabó el dolor".
 
Menelao el león.
andaba que bufaba,
¿y por qué razón?;
porque su parienta
los cuernos le ponía
y eso mucho le afrentaba.

"Esto te pasa",
le decía Onofre,
su quinto hermano
de camada,
"por casarte con ella,
tonto capricho el tuyo;
¡con las leonas que había
y te fijaste en "eso"!.

Onofre tenía toda la razón,
pues Menelao se casó
con la dichosa Helena,
que no era carnívora,
sino una cebra del montón.

"¡Qué rayas tan bonitas!,
¡qué ojos tan pintureros!,
¡qué ancas tan bien puestas!,
¡qué bien mueves la cola, mi amor!".

Aunque le dijeron, una y mil veces,
que era una anomalía el romance,
que era innatural lo de su unión,
Menelao tenía un gran defecto
y es que era muy cabezón.

Fue la comidilla de todos,
pero con todas las consecuencias
se tragaron el bodón;
y aunque al principio
como la seda iba todo,
la cabra (mejor dicho, el herbívoro)
siempre tira al monte
y Helena se desencantó,
sobre todo por las costumbres
culinarias del marido,
y empezó a tontear con un ñu.

"No lo veas por la tremenda.
Tu divorcio es la solución,
mas no habrá papeles ni historias",
le dijo Onofre conciliador.
"Meriéndate a tu esposa
y se acabó el dolor".

Gracioso e divertdido poema. Grato momento al leerte, mi saludo cordial.
 

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