andresdelaespriella
Poeta recién llegado
La incomodidad perpetua
que se asentó en mi ahora
es un dragón.
Me amenaza constantemente.
Quiere quemar mi alma.
Lo que el dragón no sabe
es que yo soy su amo,
soy yo quien manda
quien lo alimenta
quien lo alberga.
Y así,
luego de pensar un poco más,
solo puedo apreciar los colores
y texturas del dragón
y su fuego eterno.
Nada me da miedo
en este valle ya,
bajo la luz
de este omnipresente
estar vacío, ironico.
Los guardianes del castillo
están absortos en su juego;
¿Qué es esto
de lo que hablan?
Estoy escuchando todo
desde las ramas del volcán.
Tal vez era la sombra
lo que me hacía falta,
el calor del dolor violeta.
Tal vez era su voz,
la luna creciente,
que asciende oriental sobre el valle
de los arboles dorados
sobre los que el tiempo no pasa,
pues no es más que morfido
insustancial concepto.
El mar de las consecuencias
es la materia;
y la memoria
se resquebraja, etérea;
es fuerte, y no hay plan.
que se asentó en mi ahora
es un dragón.
Me amenaza constantemente.
Quiere quemar mi alma.
Lo que el dragón no sabe
es que yo soy su amo,
soy yo quien manda
quien lo alimenta
quien lo alberga.
Y así,
luego de pensar un poco más,
solo puedo apreciar los colores
y texturas del dragón
y su fuego eterno.
Nada me da miedo
en este valle ya,
bajo la luz
de este omnipresente
estar vacío, ironico.
Los guardianes del castillo
están absortos en su juego;
¿Qué es esto
de lo que hablan?
Estoy escuchando todo
desde las ramas del volcán.
Tal vez era la sombra
lo que me hacía falta,
el calor del dolor violeta.
Tal vez era su voz,
la luna creciente,
que asciende oriental sobre el valle
de los arboles dorados
sobre los que el tiempo no pasa,
pues no es más que morfido
insustancial concepto.
El mar de las consecuencias
es la materia;
y la memoria
se resquebraja, etérea;
es fuerte, y no hay plan.