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Poeta recién llegado
El Duende
A Paco el vagabundo y su vicio ultra venoso
01 Febrero 2004
El duende va escapado coqueteando las estrellas
con la pipa, la aromática, inyectada a su bondad;
a los pasos de cangrejo de punta a la izquierda
en la tarde de los locos fabricando el altar.
Como polvo a color decayendo su decencia
con el pique de cosquilla al suplique de su amar,
revolcado noche a noche nace en la demencia
dedicando su placer cuando empiezan a cantar:
¡Duende! ¡Duende! ¡Otra más que se muere la cosecha,
las vías extrañan saborear mano a mano el volar!
¡Las mil venas has de disfrazar en la belleza
con la pólvora sagrada a soñar la hueca paz !
¡Otra más! Otra más
El duende revienta la quemadura de la piedra,
la áspera nieve que seduce el deseo al cautivar,
y con el simple toque de alfiler en la tierra
la realidad se expira y los ojos danzan el vals
¡Otra más! Otra más
Todo se espuma, se relaja, todo se acuesta
y los viejos podridos rejuvenecen bailar.
Todo se eclipsa, se hunde, todo se envenena
y las estrellas caprichosas se unen a su faz.
¡Otra más! Otro vals
El duende ya gigante lo dulce y vil saborea,
olvidándose de lo amargo, su vil realidad;
corre y corre en los montes de la eterna tristeza
atado y escapado de su frágil lenta verdad.
La noche se alumbra, el mar ilumina la marea:
abre el sol la despiadada ventana al avisar;
las profundas mil sombras de su cuerpo se alejan:
se arrastran los demonios a la huida a descansar.
El duende en el abismo, despierta y se estrella,
y florecen las ronchas, las pestes y la maldad;
las cajas de cartón se adornan rotas y enteras,
el pasillo limpio cambia a la triste suciedad.
Otra más otra más
Al desespero en busca de la dosis compleja
se nutre el duende con la pobre carga a mendigar,
se siembra en el arado tráfico de la violencia
suplicando con su pinte de la honestidad.
A la rutina de su pesadilla perfecta
el esqueleto del duende se envicia más y más,
por su apreciable y rabiosa loca coca maestra,
por su caída desmembrada, su esclavitud mental.
Duende otra más
Gino Alexander Amaya
A Paco el vagabundo y su vicio ultra venoso
01 Febrero 2004
El duende va escapado coqueteando las estrellas
con la pipa, la aromática, inyectada a su bondad;
a los pasos de cangrejo de punta a la izquierda
en la tarde de los locos fabricando el altar.
Como polvo a color decayendo su decencia
con el pique de cosquilla al suplique de su amar,
revolcado noche a noche nace en la demencia
dedicando su placer cuando empiezan a cantar:
¡Duende! ¡Duende! ¡Otra más que se muere la cosecha,
las vías extrañan saborear mano a mano el volar!
¡Las mil venas has de disfrazar en la belleza
con la pólvora sagrada a soñar la hueca paz !
¡Otra más! Otra más
El duende revienta la quemadura de la piedra,
la áspera nieve que seduce el deseo al cautivar,
y con el simple toque de alfiler en la tierra
la realidad se expira y los ojos danzan el vals
¡Otra más! Otra más
Todo se espuma, se relaja, todo se acuesta
y los viejos podridos rejuvenecen bailar.
Todo se eclipsa, se hunde, todo se envenena
y las estrellas caprichosas se unen a su faz.
¡Otra más! Otro vals
El duende ya gigante lo dulce y vil saborea,
olvidándose de lo amargo, su vil realidad;
corre y corre en los montes de la eterna tristeza
atado y escapado de su frágil lenta verdad.
La noche se alumbra, el mar ilumina la marea:
abre el sol la despiadada ventana al avisar;
las profundas mil sombras de su cuerpo se alejan:
se arrastran los demonios a la huida a descansar.
El duende en el abismo, despierta y se estrella,
y florecen las ronchas, las pestes y la maldad;
las cajas de cartón se adornan rotas y enteras,
el pasillo limpio cambia a la triste suciedad.
Otra más otra más
Al desespero en busca de la dosis compleja
se nutre el duende con la pobre carga a mendigar,
se siembra en el arado tráfico de la violencia
suplicando con su pinte de la honestidad.
A la rutina de su pesadilla perfecta
el esqueleto del duende se envicia más y más,
por su apreciable y rabiosa loca coca maestra,
por su caída desmembrada, su esclavitud mental.
Duende otra más
Gino Alexander Amaya
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