El sendero más corto entre dos puntos
es el más bello.
O eso dijo un loco una vez en un antro.
Me parten los sueños y recuerdos
como una grieta de cal oscura.
Crece, se expande y muere
como una gotera en el tejado
de la vida.
Recuerdo el cuenco rebosante
de tu celda
donde desaparecían
los tiempos como ladrones.
Recuerdo sedando tufo de los miembros
en las cabezas cenicientas.
Recuerdo cuajos palpitantes
entre tejos y atajos,
las volutas de acero
y las piedras al sol
y nosotros como médiums
desplazando sólidas cosas para apaciguar
lo que pudo perderse.
Son esas tardes
en las que descubro
que se han posado en mi hombro
días que huelen diferente
en las tierras de los poemas
que has escrito para mí.
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