Orfelunio
Poeta veterano en el portal
El enorme rugir del cañón
(al idiota que viste de azul)
El idiota repite y repite
para ser de idiota el doble;
cuando hay dobles que lo imiten,
debe ser vicio del noble
que hace que se multipliquen,
porque idiotas que son roble
la idiotez nos la repiten.
Nada sabía de las telas en gules,
ni sabía qué eran manos de agua,
ni de tiempos que borran azules
de las noches con lluvia de espadas;
ni del árbol sin hoja y sin rama
que abandera las vidas plebeyas,
ni del sueño que sueña a la fama
sin tener el poder de las leñas.
No sabía del onírico rostro,
ni del santo que muestra su cara,
ni de lunas enteras de agosto
que seducen al ser aclaradas,
por el líquido dulce del mosto
cuya uva es vendimia sagrada.
Y sabía del hombre sencillo,
del humano envolver la ocasión,
del altivo consejo adivino,
del demonio llamado razón;
de las cosas y casos, motivos,
de victorias sin dueño, fracasos,
que derrotas lo son y no son
cuando el cielo se muestra bonito
y la tierra no ve más que un sol.
Es por eso que duele y no sufre
el estrato que muere porrón,
es por eso que duerme sin vela,
es por eso la virgen que nutre
a la fiesta de sangre el pendón,
elegancia dispuesta a la espera
del enorme rugir del cañón.
El idiota repite y repite
para ser de idiota el doble,
cuando hay dobles que lo imiten
debe ser vicio del noble
que hace idiotas que supliquen.
(al idiota que viste de azul)
El idiota repite y repite
para ser de idiota el doble;
cuando hay dobles que lo imiten,
debe ser vicio del noble
que hace que se multipliquen,
porque idiotas que son roble
la idiotez nos la repiten.
Nada sabía de las telas en gules,
ni sabía qué eran manos de agua,
ni de tiempos que borran azules
de las noches con lluvia de espadas;
ni del árbol sin hoja y sin rama
que abandera las vidas plebeyas,
ni del sueño que sueña a la fama
sin tener el poder de las leñas.
No sabía del onírico rostro,
ni del santo que muestra su cara,
ni de lunas enteras de agosto
que seducen al ser aclaradas,
por el líquido dulce del mosto
cuya uva es vendimia sagrada.
Y sabía del hombre sencillo,
del humano envolver la ocasión,
del altivo consejo adivino,
del demonio llamado razón;
de las cosas y casos, motivos,
de victorias sin dueño, fracasos,
que derrotas lo son y no son
cuando el cielo se muestra bonito
y la tierra no ve más que un sol.
Es por eso que duele y no sufre
el estrato que muere porrón,
es por eso que duerme sin vela,
es por eso la virgen que nutre
a la fiesta de sangre el pendón,
elegancia dispuesta a la espera
del enorme rugir del cañón.
El idiota repite y repite
para ser de idiota el doble,
cuando hay dobles que lo imiten
debe ser vicio del noble
que hace idiotas que supliquen.
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