En las indómitas tierras
plantaron un corazón,
inquebrantable cual piedra,
como inequívoca razón
dar un escarmiento a la fiera,
que nunca probo el amor,
ardiendo en flecha pionera,
rudas sus murallas ante el asedio,
de los llantos de la naturaleza,
que llora por sus hijos y el agravio
causado, responde pero ya no reza,
perdió la fe en aquel corazón,
aquello que se evapora siempre
vuelve con multiplicadas fuerzas,
corazón encerrado en la montaña,
oscuridad puebla su propia cueva,
negando a su madre cada mañana,
entre rancias barbas labios que agua
anhelan,
renegó de su humana ascendencia,
rodeándose de humildes bestias,
menos salvajes que aquellas que pueblan las
ciudadelas.
plantaron un corazón,
inquebrantable cual piedra,
como inequívoca razón
dar un escarmiento a la fiera,
que nunca probo el amor,
ardiendo en flecha pionera,
rudas sus murallas ante el asedio,
de los llantos de la naturaleza,
que llora por sus hijos y el agravio
causado, responde pero ya no reza,
perdió la fe en aquel corazón,
aquello que se evapora siempre
vuelve con multiplicadas fuerzas,
corazón encerrado en la montaña,
oscuridad puebla su propia cueva,
negando a su madre cada mañana,
entre rancias barbas labios que agua
anhelan,
renegó de su humana ascendencia,
rodeándose de humildes bestias,
menos salvajes que aquellas que pueblan las
ciudadelas.