Todo en la mesa era desorden;
ningún objeto se sentía con razón de estar:
¿cómo, por qué, cuándo, dónde?
Casi ninguno podía contestar;
sólo una hoja en blanco preguntaba y respondía:
y a mí ¿quién me abandonó?
Me ha dejado un escribiente triste
que sin decirme nada se ha marchado,
encargándome a un lápiz que no escribe
ningún objeto se sentía con razón de estar:
¿cómo, por qué, cuándo, dónde?
Casi ninguno podía contestar;
sólo una hoja en blanco preguntaba y respondía:
y a mí ¿quién me abandonó?
Me ha dejado un escribiente triste
que sin decirme nada se ha marchado,
encargándome a un lápiz que no escribe