Un libro navegaba por el mar del olvido. El escritor estaba devastado. Su poca fama adquirida se echaría al tacho. ¿En qué falle se preguntaba? ¿Acaso era mi personaje principal? “Sí creo que es eso”, se respondió. ¿A quién se le ocurriría poner a un escritor en semejante papel? Y el libro se escribía solo. “El escritor sufría el bloqueo de la página en blanco. No encontraba la salida. Se sentía frustrado. Arrojó al tacho el manuscrito. Y se perdió en su propio laberinto. El escritor estaba desesperado. Sufría de depresión crónica. Fue a su escritorio y sacó un revólver del cajón”. Pero el escritor no parecía estar seguro con el desenlace. Sentado en su escritorio sacó el manuscrito del libro y empezó a corregirlo. “Cuando de pronto se escucho un disparo”. El escritor se levantó de su asiento y terminó la historia sin mas y se fue a dormir.