valentino arrabal
Poeta recién llegado
¿A dónde vas?, esta pregunta me intriga, me dijo.
Cuando desesperaba por saber la respuesta, sospechaba que tenía que ver conmigo. Y de repente supe a dónde iba y con quién iba.
Solamente sentí que podía ayudarla aún cuando no supiera hacia donde la conduciría.
Decir que sabía a dónde iba solo era una apariencia, como creo que también era su presencia sobre mí.
En verdad no sabía quién andaba junto a mí.
La primera vez que la vi, recuerdo haber estado parado frente a un espejo gigante, y no pudiéndome reconocer en él, apareció tan repentinamente, que yo creí que la imagen que vi era realmente mía.
Me hablo y dijo que quería conocerme.
Y así nació ella, preguntándome inquietantemente: ¿A dónde vas?
Desde ese momento ella me persigue y me vigila.
Conspira contra mi soledad. Cómo devolverla al lugar de donde apareció.
Y sin darme cuenta, conocía mi destino; pero deseaba que nadie lo supiera. Hasta que volví a encontrarme frente a frente con ese espejo gigante. Caminé ente él y lo atrevece.Y desde el otro lado, supe a dónde había llegado. Me integre al espejo, y través de él, cada imagen reflejada de la realidad, cada persona que se acercaba a mí, parecían repetir ese mismo rito y me repetían esa pregunta sobre ellos mismos: ¿A dónde vas?, pero agregaban ahora diciéndose o diciéndome: ¿Quién soy?
Y entonces, todo se volvió inmutable, claro y verdadero: yo no saldría de allí si ahora no contestará a esa otra pregunta: ¿Quién eres y dónde está ella?
Cuando desesperaba por saber la respuesta, sospechaba que tenía que ver conmigo. Y de repente supe a dónde iba y con quién iba.
Solamente sentí que podía ayudarla aún cuando no supiera hacia donde la conduciría.
Decir que sabía a dónde iba solo era una apariencia, como creo que también era su presencia sobre mí.
En verdad no sabía quién andaba junto a mí.
La primera vez que la vi, recuerdo haber estado parado frente a un espejo gigante, y no pudiéndome reconocer en él, apareció tan repentinamente, que yo creí que la imagen que vi era realmente mía.
Me hablo y dijo que quería conocerme.
Y así nació ella, preguntándome inquietantemente: ¿A dónde vas?
Desde ese momento ella me persigue y me vigila.
Conspira contra mi soledad. Cómo devolverla al lugar de donde apareció.
Y sin darme cuenta, conocía mi destino; pero deseaba que nadie lo supiera. Hasta que volví a encontrarme frente a frente con ese espejo gigante. Caminé ente él y lo atrevece.Y desde el otro lado, supe a dónde había llegado. Me integre al espejo, y través de él, cada imagen reflejada de la realidad, cada persona que se acercaba a mí, parecían repetir ese mismo rito y me repetían esa pregunta sobre ellos mismos: ¿A dónde vas?, pero agregaban ahora diciéndose o diciéndome: ¿Quién soy?
Y entonces, todo se volvió inmutable, claro y verdadero: yo no saldría de allí si ahora no contestará a esa otra pregunta: ¿Quién eres y dónde está ella?
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