dulcinista
Poeta veterano en el Portal
El espejo
Seguí la senda tortuosa y húmeda.
Me sorprendió la niebla regresando a casa.
Del bosque cercano llegaban las hojas
arrastradas por el viento furioso y gélido.
Las nubes ocultaban la pálida luna.
Aceleré el paso hacia mi destino.
Detrás de la colina se encuentra la iglesia
donde mi esposa y yo nos casamos.
Un buho ululaba en la solitaria torre
donde dicen que un niño por las noches llora.
Por el bosque se acerca un caminante,
un sombrero negro su cabeza cubre,
calza botas altas,y al hombro un espejo
de piedras preciosas tallado su marco.
Da las buenas noches y desaparece raudo
como si se lo hubiese tragado la tierra.
Sigo mi camino alegre y risueño
deseando ver pronto a mi amada esposa.
Cuando llego a casa me recibe amante
y me dice- he hallado un bellísimo espejo
todo él tallado de piedras preciosas.-
Era el mismo espejo que a hombros viajaba
del extraño hombre que me salió al paso.
Después de cenar las escaleras subo
hasta el cuarto donde con mi esposa duermo
y la hallo desnuda,febril la mirada
y los labios prestos para besar mis labios.
En su oído susurro amorosas palabras
y acaricio sus senos desnudos y tersos.
-Amor mío-le digo-,te invito esta noche
a darnos calor para huir del frío.-
<<Yo no soy tu esposa,del espejo vengo,
tu esposa al mirarse me ha dado la vida,
quien se mira en él multiplicado queda
y real se vuelve aunque parezca muerto
al carecer del soplo que nos inhala el alma.
Ahora somos dos,gemelas,idénticas,
y si muero yo ella también muere.>>
me contesta con la ira asomando en los ojos.
Con nosotros come,con nosotros habla,
a nuestros hijos besa y sus cabellos peina.
Rompo el espejo y el cristal desaparece
al igual que una de las mujeres.
Desde entonces una aterradora duda me asalta:
no sé si vivo con mi querida esposa
o con su diabólico doble surgido del espejo.
Hay algunas noches que me asalta el espanto
al tocar su cuerpo como la nieve frío.
Eladio Parreño Elías
21-Abril-2011
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