REM
Poeta asiduo al portal
Una confusión ardiente,
Se apodero del silencio,
Se podía oír un eco infinito,
Asechando la neblina del bosque.
Todos los seres silenciaron.
Todos los seres escucharon.
Detrás del macabro ruido molesto,
Había palabras que se escondían.
Eran de un doliente vocablo angélico,
Nadie sabia de donde procedían.
Todos los seres murmuraron.
Todos los seres se detuvieron.
Vino rápidamente una brisa gélida,
Trayéndose miles de pétalos de rosas;
Dándole a la nieve un tono escarlata,
Pareció que todo estaba ensangrentado, echo trizas.
Todos los seres se paralizaron.
Todos los seres se horrorizaron.
Apareció de repente un bellísimo espectáculo;
Una grandiosa figura indefinida y borrosa,
Como un deseo atrapado en una escultura de plata,
Con una corona llena de esplendorosos zafiros.
Todos los seres la admiraron.
Todos los seres la desearon.
Era un espíritu melancólico y nostálgico,
Con cada lagrima que tocaba el suelo
Hacia brotar un resonar de su triste canto;
Lo habían desterrado de su amado limbo.
Todos los seres gimotearon.
Todos los seres lloraron.
El espíritu rápidamente se extinguía,
Y pronto ya no había nada...
Todos los seres se sofocaron.
Todos los seres agonizaron.
Solo las sigilosas y oscuras negruras,
Reinaron sobre las cenizas apagadas
De las tranquilas almas en la penumbra eterna
De sus desoladas sombras.
Se apodero del silencio,
Se podía oír un eco infinito,
Asechando la neblina del bosque.
Todos los seres silenciaron.
Todos los seres escucharon.
Detrás del macabro ruido molesto,
Había palabras que se escondían.
Eran de un doliente vocablo angélico,
Nadie sabia de donde procedían.
Todos los seres murmuraron.
Todos los seres se detuvieron.
Vino rápidamente una brisa gélida,
Trayéndose miles de pétalos de rosas;
Dándole a la nieve un tono escarlata,
Pareció que todo estaba ensangrentado, echo trizas.
Todos los seres se paralizaron.
Todos los seres se horrorizaron.
Apareció de repente un bellísimo espectáculo;
Una grandiosa figura indefinida y borrosa,
Como un deseo atrapado en una escultura de plata,
Con una corona llena de esplendorosos zafiros.
Todos los seres la admiraron.
Todos los seres la desearon.
Era un espíritu melancólico y nostálgico,
Con cada lagrima que tocaba el suelo
Hacia brotar un resonar de su triste canto;
Lo habían desterrado de su amado limbo.
Todos los seres gimotearon.
Todos los seres lloraron.
El espíritu rápidamente se extinguía,
Y pronto ya no había nada...
Todos los seres se sofocaron.
Todos los seres agonizaron.
Solo las sigilosas y oscuras negruras,
Reinaron sobre las cenizas apagadas
De las tranquilas almas en la penumbra eterna
De sus desoladas sombras.