guerrero verde
Poeta veterano en el portal.
El silencio hizo eco en su pecho,
sus costillas fueron templadas cuerdas
y el redoble de la marea
se encargó de la arena de sus venas.
La playa sigue vacía e inocua.
Las gaviotas ya no lo visitan
y su alma mordió las suntuosas cadenas
que lo aferraban al amar.
No es hijo de la mar,
es hijo de una meretriz
y de una foto corroída por el odio.
De hueso, de misterio, de muerte,
de asco, cascarón y escarabajo.
El ruido hizo eco en su cráneo
y una idea nació tenebrosa
bajo pleno sol de verano;
Él quería volar.
Tomó parte de su cuerpo,
modificó la posición de sus huesos,
cambió brazos por alas
y estiró su piel ante la ausencia de plumas.
Junto a la paz de la soledad esperó.
Esperó a los vientos de otoño
de un año desconocido y ajeno.
Con el primer soplo se elevó
y planeó libremente con su muerte.
Su alma había vuelto para ver la escena.
Aquella alma solo miraba la sombra
que dibujaba la incoherencia de ese vuelo.
Pero el viento calmó desde el horizonte
y el deseo de volar se volvió recuerdo.
El alma pesadamente se puso de pie diciendo;
Eres tan iluso como la ilusión de nuestro amor.
Y de la calavera brotaron siete granos de arena
a son de lágrima seca.
sus costillas fueron templadas cuerdas
y el redoble de la marea
se encargó de la arena de sus venas.
La playa sigue vacía e inocua.
Las gaviotas ya no lo visitan
y su alma mordió las suntuosas cadenas
que lo aferraban al amar.
No es hijo de la mar,
es hijo de una meretriz
y de una foto corroída por el odio.
De hueso, de misterio, de muerte,
de asco, cascarón y escarabajo.
El ruido hizo eco en su cráneo
y una idea nació tenebrosa
bajo pleno sol de verano;
Él quería volar.
Tomó parte de su cuerpo,
modificó la posición de sus huesos,
cambió brazos por alas
y estiró su piel ante la ausencia de plumas.
Junto a la paz de la soledad esperó.
Esperó a los vientos de otoño
de un año desconocido y ajeno.
Con el primer soplo se elevó
y planeó libremente con su muerte.
Su alma había vuelto para ver la escena.
Aquella alma solo miraba la sombra
que dibujaba la incoherencia de ese vuelo.
Pero el viento calmó desde el horizonte
y el deseo de volar se volvió recuerdo.
El alma pesadamente se puso de pie diciendo;
Eres tan iluso como la ilusión de nuestro amor.
Y de la calavera brotaron siete granos de arena
a son de lágrima seca.