Echo la red de nudos metafísicos sobre el estanque turbio,cargado de palomares acuáticos y templos en miniatura dedicados a la diosa Cibeles. Pero lo único que atrapo son secretos cargados de pus que bailan ya en tierra firme cual peonzas clandestinas cuyo girar y girar se me antoja una locura servil.Entonces me desnudo y me abalanzo sobre las murmuraciones acuosas,plagadas de malditos sapos marcados con la señal de Caín. Los intento cazar para tragármelos en mi boca famélica pero,¡ay!,ya no tengo muelas.Sólo unos incisivos de leche que ni Dios se atreve a hacerlos caer por miedo a que con una dentadura varonil roa las bellotas negras,que cuelgan malsanas de un árbol cuyas raíces hienden con bravura en el estanque de perplejas imágenes,difuminadas ya por la atenta noche.