Robsalz
Poeta que considera el portal su segunda casa
Silenciaron las campanas a un cuarto para las doce
y yo me senté a esperarte en nuestro lugar,
los carros hacen ruido y yo sé por dónde
tengo que empezar contigo para conquistar.
Sonaron un par de canciones de melancolía
y mis ojos como dos cristales miraron al cielo,
después de cada noche existe un día
para contarte al oído lo mucho que te quiero.
Buenos días ¿cómo estás? ¿cómo amaneces?,
acostumbro siempre a pensar que somos dos benditos
que escalan juntos el Everest
cuando nos besamos como dos chiquillos.
No importa de qué color sea el sol a mediodía
si calienta para todos sin desmerecer,
no importa qué raza tengas hoy en tus mejillas
ten por seguro que yo te amaré también.
Al menor contacto de tus ojos en los míos
se me humedecen los labios de puro placer,
guardo esos pocos instantes en que coincidimos
para contarle a luna cuánto te deseé.
No importa de qué color sea el Pacífico en la orilla
si refresca cada playa sin desfallecer,
no importa qué raza tenga yo entre mi barbilla
mis labios sin besar los tuyos son fríos como el Everest.
Cambié emisora y sonaron canciones de melancolía
de esas que son pa llorar por no estar piel con piel,
lamento que sólo me diera para escribir estas líneas
pero te las doy con cariño, ven y entérate.
y yo me senté a esperarte en nuestro lugar,
los carros hacen ruido y yo sé por dónde
tengo que empezar contigo para conquistar.
Sonaron un par de canciones de melancolía
y mis ojos como dos cristales miraron al cielo,
después de cada noche existe un día
para contarte al oído lo mucho que te quiero.
Buenos días ¿cómo estás? ¿cómo amaneces?,
acostumbro siempre a pensar que somos dos benditos
que escalan juntos el Everest
cuando nos besamos como dos chiquillos.
No importa de qué color sea el sol a mediodía
si calienta para todos sin desmerecer,
no importa qué raza tengas hoy en tus mejillas
ten por seguro que yo te amaré también.
Al menor contacto de tus ojos en los míos
se me humedecen los labios de puro placer,
guardo esos pocos instantes en que coincidimos
para contarle a luna cuánto te deseé.
No importa de qué color sea el Pacífico en la orilla
si refresca cada playa sin desfallecer,
no importa qué raza tenga yo entre mi barbilla
mis labios sin besar los tuyos son fríos como el Everest.
Cambié emisora y sonaron canciones de melancolía
de esas que son pa llorar por no estar piel con piel,
lamento que sólo me diera para escribir estas líneas
pero te las doy con cariño, ven y entérate.