luis tejada
Exp..
El miedo cae en la esfera de lo personal, las vacilaciones son de esta misma índole, este es el momento histórico que nos tocó vivir. El asilo es en nuestra propia patria y ocurra lo que ocurriere este es el destino que la vida nos trazó.
EL EXPRESO DE MEDIANOCHE
En memoria de Carlos Rojo, alcalde popular de Remedios.
Un sendero trágico lo lleva a su destino.
Carlos Rojo, hoy se siente extraño,
encontrar empleo, o el que hacer,
sin que humillado no se halle, es utópico.
De primera autoridad del pueblo a subalterno,
es difícil de aceptar o soportar.
Detentar poder y dejarlo...
las llamadas no retornan,
los saludos, no contestan,
las puertas, son cerradas,
los amigos no son tantos,
a las fiestas, no se invita.
Es una noche cerrada, elucubra en su futuro,
se da por bien servido, con vida aún.
Tal vez fue la suerte o los asesinos se cansaron.
Huir o quedarse era el dilema,
¿en donde más podría estar, ¿el exilio?
que significado tiene el vivir en donde no será feliz?
Es la media noche,
golpes en la puerta lo sacan de su ensueño.
¿Quién es, a estas horas?,
¿tal vez amigos a invitarlo llegan,
será ilusión, o realidad, una fiesta improvisada?.
se repiten y amenazan con tronchar.
En la puerta que se abre con violencia, seis uniformados,
las piernas pierden fuerza, el estómago se contrae de dolor.
Los kalasnikovh indagan si están ciertos, ojos fieros,
las armas que le apuntan le dicen quienes son,
ejercito no es, uniformes oficiales si,
venimos por usted nadie menos,
palabras que resuenan, mudo queda.
El momento aguardado ha llegado, noche y miedo,
sin duda nada bueno es de esperar, frío sudor le baña,
-siga hacia adelante en el parque esperándolo están los otros-
las piernas no responden, siente que la vida escapa,
un torbellino en su cabeza lo marea, la sangre se congela,
un recio empujón lo enruta , en silencio caminaron.
Al menos sigue en pie, pudieron disparar,
mientras halla vida hay esperanza.
camino al parque, sólo el ruido de los pasos
y el cabalgar del corazón que pugna por salir,
una callejuela mal iluminada los recibe y se los traga,
solitaria, nadie que auxilie, solo el miedo y nada más.
Al llegar engrosan fila ,
parados contra la pared,
un maestro de la escuela, una líder comunal, un simple minero,
varios otros que no puede recordar y él, uno más,
rostros lívidos de miedo que atenaza,
que maldice, que enloquece, que hace mucho daño.
Un bus espera, el jefe ordena el abordar,
obedientes suben uno a uno sin chistar,
detrás empujan con maldad,
el motor arranca de inmediato y encamina hacia las sombras,
el sendero serpentea, muchos baches,
de guijarros que golpean los cristales.
Los prisioneros ni se miran, vergüenza de si mismos,
no han luchado y se conduelen por la falta de valor,
los creyentes rezan gimen, lloran,
a la hora de mi muerte no me desampares, mándame ir a ti,
porque yo, Dios mío y mis hijos cual será su suerte
quienes son estos hombres, nadie nos ayuda Dios ayúdanos.
Carlos Rojo, sigilo total, comprende su impotencia,
nada puede hacer, la suerte echada está,
su pensamiento vuela a lo dejado, suspira y mira al cielo,
una buena vida, nada a lamentar,
el bus se detiene cien metros más allá,
las luces de los faros rasgan la oscuridad.
Se ordena a la mujer bajar del bus, líder comunal,
tambaleándose, oraciones y lamentos, camina hacia el cadalso,
su delito, nadie acusa, solo es muerte y nada más,
mire usted el cielo está estrellado y no lo verá más,
dice el hombre con sevicia, !de rodillas!, una bala en su cabeza
la empuja hacia delante con fuerza que destroza.
Carlos Rojo piensa,
no esperaba terminar los días así, no merezco un final así,
nadie debería ser testigo de este horror.
El expreso de la muerte continuó, cinco paradas más,
once cuerpos tiñeron con su sangre el camino del dolor,
murió tantas veces como disparos se escucharon .
Ultima parada, su turno alcalde popular,
el atreverse cuesta caro, se paga con la muerte,
!de rodillas frente a mi!,
ordena con rabia el asesino.
Trémulo y tembloroso mente en blanco,
cae al suelo, Carlos Rojo,
su cabeza baja al pecho,
la jornada ha terminado,
no hay implores ni palabras,
solo un tiro suena,
posición fetal.
EL EXPRESO DE MEDIANOCHE
En memoria de Carlos Rojo, alcalde popular de Remedios.
Un sendero trágico lo lleva a su destino.
Carlos Rojo, hoy se siente extraño,
encontrar empleo, o el que hacer,
sin que humillado no se halle, es utópico.
De primera autoridad del pueblo a subalterno,
es difícil de aceptar o soportar.
Detentar poder y dejarlo...
las llamadas no retornan,
los saludos, no contestan,
las puertas, son cerradas,
los amigos no son tantos,
a las fiestas, no se invita.
Es una noche cerrada, elucubra en su futuro,
se da por bien servido, con vida aún.
Tal vez fue la suerte o los asesinos se cansaron.
Huir o quedarse era el dilema,
¿en donde más podría estar, ¿el exilio?
que significado tiene el vivir en donde no será feliz?
Es la media noche,
golpes en la puerta lo sacan de su ensueño.
¿Quién es, a estas horas?,
¿tal vez amigos a invitarlo llegan,
será ilusión, o realidad, una fiesta improvisada?.
se repiten y amenazan con tronchar.
En la puerta que se abre con violencia, seis uniformados,
las piernas pierden fuerza, el estómago se contrae de dolor.
Los kalasnikovh indagan si están ciertos, ojos fieros,
las armas que le apuntan le dicen quienes son,
ejercito no es, uniformes oficiales si,
venimos por usted nadie menos,
palabras que resuenan, mudo queda.
El momento aguardado ha llegado, noche y miedo,
sin duda nada bueno es de esperar, frío sudor le baña,
-siga hacia adelante en el parque esperándolo están los otros-
las piernas no responden, siente que la vida escapa,
un torbellino en su cabeza lo marea, la sangre se congela,
un recio empujón lo enruta , en silencio caminaron.
Al menos sigue en pie, pudieron disparar,
mientras halla vida hay esperanza.
camino al parque, sólo el ruido de los pasos
y el cabalgar del corazón que pugna por salir,
una callejuela mal iluminada los recibe y se los traga,
solitaria, nadie que auxilie, solo el miedo y nada más.
Al llegar engrosan fila ,
parados contra la pared,
un maestro de la escuela, una líder comunal, un simple minero,
varios otros que no puede recordar y él, uno más,
rostros lívidos de miedo que atenaza,
que maldice, que enloquece, que hace mucho daño.
Un bus espera, el jefe ordena el abordar,
obedientes suben uno a uno sin chistar,
detrás empujan con maldad,
el motor arranca de inmediato y encamina hacia las sombras,
el sendero serpentea, muchos baches,
de guijarros que golpean los cristales.
Los prisioneros ni se miran, vergüenza de si mismos,
no han luchado y se conduelen por la falta de valor,
los creyentes rezan gimen, lloran,
a la hora de mi muerte no me desampares, mándame ir a ti,
porque yo, Dios mío y mis hijos cual será su suerte
quienes son estos hombres, nadie nos ayuda Dios ayúdanos.
Carlos Rojo, sigilo total, comprende su impotencia,
nada puede hacer, la suerte echada está,
su pensamiento vuela a lo dejado, suspira y mira al cielo,
una buena vida, nada a lamentar,
el bus se detiene cien metros más allá,
las luces de los faros rasgan la oscuridad.
Se ordena a la mujer bajar del bus, líder comunal,
tambaleándose, oraciones y lamentos, camina hacia el cadalso,
su delito, nadie acusa, solo es muerte y nada más,
mire usted el cielo está estrellado y no lo verá más,
dice el hombre con sevicia, !de rodillas!, una bala en su cabeza
la empuja hacia delante con fuerza que destroza.
Carlos Rojo piensa,
no esperaba terminar los días así, no merezco un final así,
nadie debería ser testigo de este horror.
El expreso de la muerte continuó, cinco paradas más,
once cuerpos tiñeron con su sangre el camino del dolor,
murió tantas veces como disparos se escucharon .
Ultima parada, su turno alcalde popular,
el atreverse cuesta caro, se paga con la muerte,
!de rodillas frente a mi!,
ordena con rabia el asesino.
Trémulo y tembloroso mente en blanco,
cae al suelo, Carlos Rojo,
su cabeza baja al pecho,
la jornada ha terminado,
no hay implores ni palabras,
solo un tiro suena,
posición fetal.