Luis Fernando Tejada
Poeta reconocido
En memoria de Carlos Rojo Alcalde Popular de Remedios.
La trayectoria, una tragedia es su destino;
Carlos Rojo lucubra en su futuro,
ocurre siempre por haber sido bueno y útil con la vida,
alcanzar los objetivos,
él debe repetir la máscara de los días
que saben de la ponzoña del corazón o de su nobleza,
para sellar las faltas.
Quizás era la ocasión o los asesinos se cansaron,
para funcionar lejos de sí mismo o para seguir siendo el dilema,
donde podría estar,
¿exilio, qué significado tiene la vida lejos de casa?
Falta poco para la media noche, toques,
en la puerta, el sueño.
¿Quién será a estas horas? ,
Sería el girasol, ¿que quizás amistoso
para invitarle viene, será ilusión, o realidad?,
¿una celebración inesperada?.
En la puerta, seis en uniforme camuflado,
las piernas pierden la fuerza, el estómago es dolor, contracciones,
fusiles Kalasnikovh , los ojos salvajes,
los brazos que apuntan a él dicen:
Venimos por usted alcalde, las palabras resuenan,
sordomudo.
Tinieblas, la luz fría que parte la vida,
y los muertos su eternidad perdida,
el momento aguardado llegó, noche y temor,
sin ninguna duda nada bueno es de esperar,
un sudor frío en todo el cuerpo,
estima que la vida se le escapa,
la sangre de luz verde se congela,
le enruta un empujón extremo hacia el vacío.
Sigue vivo al menos, podría dibujar,
entonces encuentra que la vida es esperanza,
camina hacia el parque, solamente el ruido de
las etapas silenciosas y la equitación del corazón
que lucha para no salirse, una pequeña calle lo recibe
y se los traga, solitaria, nadie ayuda, solamente el miedo.
Siendo seres distantes y diversos
tuvieron el gusto de que ese día fueran conectados
con la vida para ser círculo en esta ocasión,
engrosaron filas con otros más,
parados contra la pared, el profesor de la escuela,
una jefe comunal, un menor de edad, simple,
varios otros que no podría recordar y él,
caras temerosas, agregados hacia abajo,
maldicen, que insano, está hecho el daño.
¡Flor herida,
un autobús espera las órdenes para acercarse,
obedeciendo suben uno a uno sin chistar,
detrás de ellos empujan con sevicia.
El motor comienza inmediatamente y se dirige hacia la oscuridad,
las piedras que funcionan para arriba contra los cristales,
los creyentes rezan, gimen,
y de mis niños cuál será su destino,
quienes son estos hombres, nadie nos ayuda.
¡Ayúdanos Dios!.
Carlos Rojo entiende su impotencia, nada puede hacer,
su pensamiento vuela,
suspira y observa el cielo,
una buena vida, nada para arrepentirse,
el autobús hace una pausa, las luces rasgan la oscuridad,
uno pide a la mujer bajar del transporte,
discurso solemne justificando el acto:
Es solamente muerte y nada más,
observe el cielo ya no lo volverá a ver más,
¡de rodillas!, una bala en la nuca.
Carlos Rojo piensa, no esperaba acabar así los días,
nadie debe ser testigo de este horror,
las paradas continuaron y cinco muertos más
tiñeron con su sangre el camino, sangría del dolor.
Falta el acto principal de la tragedia,
¡pare!, alcalde popular su turno,
audacia costosa su mandato, se paga con la muerte,
¡de rodillas ante mí!,
las órdenes del asesino son cumplidas,
ni suplicas ni palabra alguna,
ruido de un proyectil solamente,
posición fetal.
Termine el día del invierno,
termine el día de la tiniebla,
para escribir la historia gélida del mundo.
La trayectoria, una tragedia es su destino;
Carlos Rojo lucubra en su futuro,
ocurre siempre por haber sido bueno y útil con la vida,
alcanzar los objetivos,
él debe repetir la máscara de los días
que saben de la ponzoña del corazón o de su nobleza,
para sellar las faltas.
Quizás era la ocasión o los asesinos se cansaron,
para funcionar lejos de sí mismo o para seguir siendo el dilema,
donde podría estar,
¿exilio, qué significado tiene la vida lejos de casa?
Falta poco para la media noche, toques,
en la puerta, el sueño.
¿Quién será a estas horas? ,
Sería el girasol, ¿que quizás amistoso
para invitarle viene, será ilusión, o realidad?,
¿una celebración inesperada?.
En la puerta, seis en uniforme camuflado,
las piernas pierden la fuerza, el estómago es dolor, contracciones,
fusiles Kalasnikovh , los ojos salvajes,
los brazos que apuntan a él dicen:
Venimos por usted alcalde, las palabras resuenan,
sordomudo.
Tinieblas, la luz fría que parte la vida,
y los muertos su eternidad perdida,
el momento aguardado llegó, noche y temor,
sin ninguna duda nada bueno es de esperar,
un sudor frío en todo el cuerpo,
estima que la vida se le escapa,
la sangre de luz verde se congela,
le enruta un empujón extremo hacia el vacío.
Sigue vivo al menos, podría dibujar,
entonces encuentra que la vida es esperanza,
camina hacia el parque, solamente el ruido de
las etapas silenciosas y la equitación del corazón
que lucha para no salirse, una pequeña calle lo recibe
y se los traga, solitaria, nadie ayuda, solamente el miedo.
Siendo seres distantes y diversos
tuvieron el gusto de que ese día fueran conectados
con la vida para ser círculo en esta ocasión,
engrosaron filas con otros más,
parados contra la pared, el profesor de la escuela,
una jefe comunal, un menor de edad, simple,
varios otros que no podría recordar y él,
caras temerosas, agregados hacia abajo,
maldicen, que insano, está hecho el daño.
¡Flor herida,
un autobús espera las órdenes para acercarse,
obedeciendo suben uno a uno sin chistar,
detrás de ellos empujan con sevicia.
El motor comienza inmediatamente y se dirige hacia la oscuridad,
las piedras que funcionan para arriba contra los cristales,
los creyentes rezan, gimen,
y de mis niños cuál será su destino,
quienes son estos hombres, nadie nos ayuda.
¡Ayúdanos Dios!.
Carlos Rojo entiende su impotencia, nada puede hacer,
su pensamiento vuela,
suspira y observa el cielo,
una buena vida, nada para arrepentirse,
el autobús hace una pausa, las luces rasgan la oscuridad,
uno pide a la mujer bajar del transporte,
discurso solemne justificando el acto:
Es solamente muerte y nada más,
observe el cielo ya no lo volverá a ver más,
¡de rodillas!, una bala en la nuca.
Carlos Rojo piensa, no esperaba acabar así los días,
nadie debe ser testigo de este horror,
las paradas continuaron y cinco muertos más
tiñeron con su sangre el camino, sangría del dolor.
Falta el acto principal de la tragedia,
¡pare!, alcalde popular su turno,
audacia costosa su mandato, se paga con la muerte,
¡de rodillas ante mí!,
las órdenes del asesino son cumplidas,
ni suplicas ni palabra alguna,
ruido de un proyectil solamente,
posición fetal.
Termine el día del invierno,
termine el día de la tiniebla,
para escribir la historia gélida del mundo.
Última edición: