emilu
Poeta recién llegado
Somos éxtasis porque estamos locos,
y locos estamos porque somos furiosos,
furiosos del mundo que lleno de envidia,
me limita tanto que soy irrealista.
Cada vez que miro estoy extasiada,
pero nadie nota que es mi mirada,
que penetra siempre y de forma herrada,
se fija en el hombre que no siente nada.
El éxtasis es arrebato,
y los hombres un cruel maltrato,
fijándose en mujeres que son obedientes,
pero no en otras, que siempre de frente,
no se callan nada, sin tener presente,
que solo prefieren aquellas carentes.
Mucho éxtasis nos contrae,
mucha carencia nos limita,
y la contracción y el límite,
no refleja equilibro,
no refleja vida.
La vida es éxtasis,
pero se limita,
se limita a carencias,
y se llena de envidia,
encerrándose en reflejos,
que acompañan tus días,
los días del hombre,
de un hombre sin dicha.
Yo soy mujer de pocas palabras,
escribiendo siempre lo que encierra mi alma,
y al ser vehemente y un poco extasiada,
no quiero un hombre sin reflejos de nada,
que siempre prefieran aquellas miradas,
que nunca penetran y son desgraciadas.
y locos estamos porque somos furiosos,
furiosos del mundo que lleno de envidia,
me limita tanto que soy irrealista.
Cada vez que miro estoy extasiada,
pero nadie nota que es mi mirada,
que penetra siempre y de forma herrada,
se fija en el hombre que no siente nada.
El éxtasis es arrebato,
y los hombres un cruel maltrato,
fijándose en mujeres que son obedientes,
pero no en otras, que siempre de frente,
no se callan nada, sin tener presente,
que solo prefieren aquellas carentes.
Mucho éxtasis nos contrae,
mucha carencia nos limita,
y la contracción y el límite,
no refleja equilibro,
no refleja vida.
La vida es éxtasis,
pero se limita,
se limita a carencias,
y se llena de envidia,
encerrándose en reflejos,
que acompañan tus días,
los días del hombre,
de un hombre sin dicha.
Yo soy mujer de pocas palabras,
escribiendo siempre lo que encierra mi alma,
y al ser vehemente y un poco extasiada,
no quiero un hombre sin reflejos de nada,
que siempre prefieran aquellas miradas,
que nunca penetran y son desgraciadas.
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