marcia segura
Poeta adicto al portal
El fantasma
de tu beso,
animita del imperio.
Te diviso mal herido
por el ruedo del sendero.
Como concha de jabón,
te caíste en tu juego,
y hoy observo
inmutable
el duelo depresivo
de tu llanto exonerable.
Y te digo
que no siento
la rabia espinada.
Ni percibo la opresión
de la venganza reprimida.
En la ensenada de lo añejo,
te escribo el epitafio
que cierra
el deambuleo Infértil
de tu prado.
Aunque gires,
en mi cielo,
y me traigas lo impensado;
la azucena
finos lirios
o el vaivén de tu cariño.
Te recuerdo
que estas yerto
en mi jardín florecido,
y la estocada de tu boca.
No se siente en mis labios
y aunque traigas lo divino,
y me sirvas de tu vino,
no me tiento con lo inerte
de tu cielo derrumbado.
de tu beso,
animita del imperio.
Te diviso mal herido
por el ruedo del sendero.
Como concha de jabón,
te caíste en tu juego,
y hoy observo
inmutable
el duelo depresivo
de tu llanto exonerable.
Y te digo
que no siento
la rabia espinada.
Ni percibo la opresión
de la venganza reprimida.
En la ensenada de lo añejo,
te escribo el epitafio
que cierra
el deambuleo Infértil
de tu prado.
Aunque gires,
en mi cielo,
y me traigas lo impensado;
la azucena
finos lirios
o el vaivén de tu cariño.
Te recuerdo
que estas yerto
en mi jardín florecido,
y la estocada de tu boca.
No se siente en mis labios
y aunque traigas lo divino,
y me sirvas de tu vino,
no me tiento con lo inerte
de tu cielo derrumbado.