iadra
Poeta que considera el portal su segunda casa
Es un hábito desagradable éste, el del insomnio.
Las tres de la mañana y yo sin alma,
sentada frente a la pantalla que titila solo
estúpidamente un nombre.
En todos los idiomas en que he nombrado
la palabra
da el mismo resultado sin conjuro.
Es como no haber dicho nada. Es como
nunca haberte besado, nunca
haber chupado tu verga ni bebido tu simiente.
Los recuerdos se vuelven fantasmas
con los qué coger a veces. Pero son orgasmos tan etéreos
que no sé si sueño o es el porro
subiéndose por las venas.
Las madrugadas me hacen el amor frenéticamente,
me violan las horas, el reloj se despoja
de humanidad y me olvida en la cama,
con los ojos abiertos, heridos como vagina ultrajada.
Todos se vuelve crudo, todo es un rastro donde muere
la dulzura del beso y se vuelve saliva.
El reloj y tu fantasma se han vuelto psicópatas
de ultratumba
Las tres de la mañana y yo sin alma,
sentada frente a la pantalla que titila solo
estúpidamente un nombre.
En todos los idiomas en que he nombrado
la palabra
da el mismo resultado sin conjuro.
Es como no haber dicho nada. Es como
nunca haberte besado, nunca
haber chupado tu verga ni bebido tu simiente.
Los recuerdos se vuelven fantasmas
con los qué coger a veces. Pero son orgasmos tan etéreos
que no sé si sueño o es el porro
subiéndose por las venas.
Las madrugadas me hacen el amor frenéticamente,
me violan las horas, el reloj se despoja
de humanidad y me olvida en la cama,
con los ojos abiertos, heridos como vagina ultrajada.
Todos se vuelve crudo, todo es un rastro donde muere
la dulzura del beso y se vuelve saliva.
El reloj y tu fantasma se han vuelto psicópatas
de ultratumba