El rostro lleno de ojeras,
las ropas sin planchar,
en un rincón de las escaleras,
ya no sabe lo que es peinar.
Oculto de la vista de todos,
espía a las parejas pasar,
moviéndose entre los recodos,
buscando una en particular.
Paciente, los observa aproximar,
muy pendiente de su accionar,
ella, hermosa y elegante,
él, caballeroso y galán.
Se pasean por su esquina,
como siempre en día normal,
amándose continuamente,
inmersos en felicidad.
Se alejan tranquilamente,
y desde su escondite les ve,
perderse muy lentamente,
dando la vuelta por el café.
Ella se ve muy alegre,
él muy sonriente también,
pero el fantasma de la esquina,
es todo tristeza a flor de piel.
Los pocos que lo vieron,
lo escucharon murmurar,
partiste llevando mi corazón,
te fuiste y dejé de soñar.
Ella nunca volvió a saber,
de ese amor que llegó a cambiar,
ese fantasma después de un tiempo,
desapareció del lugar.
Copyright (c) 2009 by JuCar MarDo
las ropas sin planchar,
en un rincón de las escaleras,
ya no sabe lo que es peinar.
Oculto de la vista de todos,
espía a las parejas pasar,
moviéndose entre los recodos,
buscando una en particular.
Paciente, los observa aproximar,
muy pendiente de su accionar,
ella, hermosa y elegante,
él, caballeroso y galán.
Se pasean por su esquina,
como siempre en día normal,
amándose continuamente,
inmersos en felicidad.
Se alejan tranquilamente,
y desde su escondite les ve,
perderse muy lentamente,
dando la vuelta por el café.
Ella se ve muy alegre,
él muy sonriente también,
pero el fantasma de la esquina,
es todo tristeza a flor de piel.
Los pocos que lo vieron,
lo escucharon murmurar,
partiste llevando mi corazón,
te fuiste y dejé de soñar.
Ella nunca volvió a saber,
de ese amor que llegó a cambiar,
ese fantasma después de un tiempo,
desapareció del lugar.
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