ALBERTO A. SOCORRO M.
Poeta fiel al portal
Que triste, a muerto el farol,
el farol de mi calle,
ya nadie lo enciende, no hay quien lo estrañe.
Él, que me alumbro la infancia
toda la arrogancia de mí juventud,
ya no tiene luz
ya no alumbra nada.
Lagrimas dejadas por esos camínos
todas las tertulias que siempre dijímos
cuando daba bríllo, cuando estaba lucído
solo se salió un suspíro, al verlo apagado
al verlo sufrído,
gritos de tristeza redoblaron mí alma
la calle esta lúgubre
ya no hay gente en ella,
voces ya no fluyen,
tríste mi camíno
se pierde en el fondo,
ya no da la luz
mi farol, no es adorno
el farol de mi calle,
ya nadie lo enciende, no hay quien lo estrañe.
Él, que me alumbro la infancia
toda la arrogancia de mí juventud,
ya no tiene luz
ya no alumbra nada.
Lagrimas dejadas por esos camínos
todas las tertulias que siempre dijímos
cuando daba bríllo, cuando estaba lucído
solo se salió un suspíro, al verlo apagado
al verlo sufrído,
gritos de tristeza redoblaron mí alma
la calle esta lúgubre
ya no hay gente en ella,
voces ya no fluyen,
tríste mi camíno
se pierde en el fondo,
ya no da la luz
mi farol, no es adorno