JBR
Poeta que considera el portal su segunda casa
En cada amanecer y el día nace,
veo salir el sol.
La luna ya se ha ido, y el farolero,
ya ha apagado la luz de las
estrellas,
el viento fresco de la mañana,
roza mi rostro suavemente por la ventana,
y me hace recorrer nuevamente la habitación
con una mirada triste, y los espasmos
de mi gran dolor brotan,
porque tu ya no estas.
Tu ya te fuiste,
y dejaste todos los bellos recuerdos,
que dejaste incrustados en la pared,
tu sonrisa y tu fragancia
que emanaba de tu bello cuerpo,
y tus pasos que asemejaban
un dulce gatito al caminar,
cada vez que te acercabas a mi,
cada día al despertar.
No quiero recordar,
porque al recordar,
mi mente se convierte
tan solo en una maraña de soledad,
en un laberinto sin salida
a punto de llorar,
y esas lágrimas que tanto he llorado
ya no quieren brotar.
Donde estas pregunto siempre,
porque desde que te fuiste,
nunca mas supe de ti,
tal vez estas en el viento,
o en la brisa del mar,
tan vez en el canto de las aves,
o en su dulce trinar,
quizás en las estrellas cada noche,
y que el farolero apaga,
al salir el sol.
Cuantos recuerdos dejaste en la casa,
pero mas, dejaste dentro de mi,
en cada beso y abrazo,
en cada caricia y en cada paso,
y esos recuerdos nunca podre borrar,
porque como tatuajes en mi corazón,
prendidos están,
y quedaran para siempre, mi silueta,
ahora de cristal.
Eso eres ahora para mi,
una frágil silueta de cristal,
que puede romperse con el tiempo,
o de tan solo tocar,
que puede romperse el día,
que te empiece yo a olvidar,
o cuando pase el tiempo y nunca,
te pueda tener mas.
Oh que soledad la mía,
el día nuevamente se fue,
y con el, el sol también,
y la luna con las estrellas,
el farolero encendió otra vez,
y en lo obscuro del hermoso cielo,
una suplica se dibuja,
es la suplica dolorosa de mi alma,
triste y acongojada,
que te pide regreses otra vez,
y le des vida, a mi vida,
que ya no es nada.