adirael
Poeta recién llegado
El comienzo
Se que ahí estas, como la tenue brisa
Veraniega, el hedor de tu demencia,
La metáfora de tus pensamientos,
Inerte, te encuentro en aquellas sombras.
Se escucha a lo lejos del horizonte
Tus palabras, tu respiración
Entre los laberintos del aquel nocturno
Cuarto
Las pupilas se dilatan, quieres salir
Como lagrimas del caminante viento
Tus garras laceran mi pecho
El palpito de tu corazón corrompe
El silencio
El delirio
Aquel reflejo es tuyo y mío
Cual mar las estrellas se dispersan
En aquel vasto y lúgubre río,
Estoy aquí cual yaces en mi
La oscuridad cumple su cometido
Dulce calor, dulce delirio,
Mientras la luna emerge de la garganta
Del mar, cual en mi espalda yaces
Apocalipsis palabra deliciosa
Entropía desorden inmensurable,
En mi cuales rayos del sol
Iluminan el yelmo de mi rostro
El final
Bebo nependo para calmar la ansiedad
Que atormenta, carcome como larvas
Hambrientas, detenerte y detenerme
Dos almas sosegadas, desterradas
La hoja del alfanje refleja las miradas,
Una sonriente la otra de melancolía
Un mismo sendero aquello que da vida
Y muerte, dos hojas, dos miradas
Y la dualidad reina
La sangre brota, mientras río y lloro,
El dolor consume una parte de mi cuerpo
En tanto la otra entusiasmada por tal
Dolor, cae, cae mi cuerpo, tu cuerpo,
nuestros cuerpos.
Se que ahí estas, como la tenue brisa
Veraniega, el hedor de tu demencia,
La metáfora de tus pensamientos,
Inerte, te encuentro en aquellas sombras.
Se escucha a lo lejos del horizonte
Tus palabras, tu respiración
Entre los laberintos del aquel nocturno
Cuarto
Las pupilas se dilatan, quieres salir
Como lagrimas del caminante viento
Tus garras laceran mi pecho
El palpito de tu corazón corrompe
El silencio
El delirio
Aquel reflejo es tuyo y mío
Cual mar las estrellas se dispersan
En aquel vasto y lúgubre río,
Estoy aquí cual yaces en mi
La oscuridad cumple su cometido
Dulce calor, dulce delirio,
Mientras la luna emerge de la garganta
Del mar, cual en mi espalda yaces
Apocalipsis palabra deliciosa
Entropía desorden inmensurable,
En mi cuales rayos del sol
Iluminan el yelmo de mi rostro
El final
Bebo nependo para calmar la ansiedad
Que atormenta, carcome como larvas
Hambrientas, detenerte y detenerme
Dos almas sosegadas, desterradas
La hoja del alfanje refleja las miradas,
Una sonriente la otra de melancolía
Un mismo sendero aquello que da vida
Y muerte, dos hojas, dos miradas
Y la dualidad reina
La sangre brota, mientras río y lloro,
El dolor consume una parte de mi cuerpo
En tanto la otra entusiasmada por tal
Dolor, cae, cae mi cuerpo, tu cuerpo,
nuestros cuerpos.