Alas de marioneta
Poeta asiduo al portal
Desprendida de la sensación de ruido
de sus pies arrastrando el suelo,
no buscaba más rincones donde habitar sus labios
que el final de una soga colgando del cielo.
Se andaba casi de puntillas y sus pies desnudos,
bailandole a la vida sobre el cemento.
Se susurraba una lenta canción de amor y sus ojos,
desorbitando la niebla del final de su aliento.
Él, casi a escondidas, naufragando en un charco
donde el olvido era recordar lo que está muriendo,
en la oscuridad del agua, entre dos velas sin barco,
remando al orgullo impropio, a grito descubierto.
ELLA, volviendo a "un quizás" a un "tal vez",
él volviendo a seguir envolviéndose el cuerpo
de la desnudez de su piel despojada de tela
para volver a anudarse las manos en la seda de su pecho.
Él, un retorcerse en los espejos del pasado,
ella, un amor a escondidas a campo abierto.
Los dos, paseantes en el andén del haber amado,
los dos, paseando a las puertas de arrodillarse a otro infierno.
Después el rechazo a la soga, impregnada de olor a piel
de cuando ella balanceaba de dolor el dolor de su cuello.
Después pisar las huellas de mar y ella, volviendo a nacer
mientras él, perdedor de lo que no quiso, le tiembla los ojos al vacio del silencio.
de sus pies arrastrando el suelo,
no buscaba más rincones donde habitar sus labios
que el final de una soga colgando del cielo.
Se andaba casi de puntillas y sus pies desnudos,
bailandole a la vida sobre el cemento.
Se susurraba una lenta canción de amor y sus ojos,
desorbitando la niebla del final de su aliento.
Él, casi a escondidas, naufragando en un charco
donde el olvido era recordar lo que está muriendo,
en la oscuridad del agua, entre dos velas sin barco,
remando al orgullo impropio, a grito descubierto.
ELLA, volviendo a "un quizás" a un "tal vez",
él volviendo a seguir envolviéndose el cuerpo
de la desnudez de su piel despojada de tela
para volver a anudarse las manos en la seda de su pecho.
Él, un retorcerse en los espejos del pasado,
ella, un amor a escondidas a campo abierto.
Los dos, paseantes en el andén del haber amado,
los dos, paseando a las puertas de arrodillarse a otro infierno.
Después el rechazo a la soga, impregnada de olor a piel
de cuando ella balanceaba de dolor el dolor de su cuello.
Después pisar las huellas de mar y ella, volviendo a nacer
mientras él, perdedor de lo que no quiso, le tiembla los ojos al vacio del silencio.