Ton Rodriguez
Poeta asiduo al portal
Miro en el fondo gris de los ceniceros,
y mis ojos se llenan de un tiempo estéril,
un tiempo de moscas entretenidas
en su vuelo de absurdas trayectorias;
un tiempo de saliva espesa
y gargantas encendidas,
de puertas cerradas
y espaldas descubiertas;
un tiempo moribundo, de cenizas,
huellas secas y arena derramada.
Una lluvia de pétalos negros
tiñe mis pensamientos,
perdidos en un túnel sin salida
sin encontrar su intención primera;
mis recuerdos huyen como pájaros ciegos
que chocan entre sí
en una explosión de plumas y de brea
que resbala por mi cuerpo,
y me convierte en sombra espesa y fría
con vocación de estatua arrinconada;
tal vez la lluvia, sólo la lluvia,
el agua de la lluvia,
busque caminos en la sombra
y abra una senda para que una luz perdida, errante,
que busque su destino, me roce, y me encuentre,
sin buscarla.
Ton Rodríguez
y mis ojos se llenan de un tiempo estéril,
un tiempo de moscas entretenidas
en su vuelo de absurdas trayectorias;
un tiempo de saliva espesa
y gargantas encendidas,
de puertas cerradas
y espaldas descubiertas;
un tiempo moribundo, de cenizas,
huellas secas y arena derramada.
Una lluvia de pétalos negros
tiñe mis pensamientos,
perdidos en un túnel sin salida
sin encontrar su intención primera;
mis recuerdos huyen como pájaros ciegos
que chocan entre sí
en una explosión de plumas y de brea
que resbala por mi cuerpo,
y me convierte en sombra espesa y fría
con vocación de estatua arrinconada;
tal vez la lluvia, sólo la lluvia,
el agua de la lluvia,
busque caminos en la sombra
y abra una senda para que una luz perdida, errante,
que busque su destino, me roce, y me encuentre,
sin buscarla.
Ton Rodríguez