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El fresno áureo

Rubén Sada

Poeta asiduo al portal
Fresno%20amarillo.jpg


EL FRESNO ÁUREO

Queriendo imitar al sol
y alcanzar un podio láureo,
un fresno se tornó áureo
y creció en cada arrebol.
Flanqueado por un bemol
trino alerta de zorzales,
tiñó todos sus ramales
de un dorado casimir…
¡Su copa quiso vestir
del color de los trigales!

Entonces le pregunté
pretendiendo ser su amigo:
—¿Acaso quieres del trigo
el color de su quinqué?
Del alto fresno escuché:
—¡No me tales! Te soy franco:
Quiero ser “Banco”, no “banco”.
Por eso guardo el tesoro
y en mi copa tengo el oro
que en otoño al sol le arranco.

Fui genética semilla
encapsulada en la sámara,
y volé hasta la recámara
de la tierra en una orilla.
Hoy mi hermosa copa brilla
con un dorado vestido
pero aguanto un atrevido
viento otoñal que desnuda
y despoja en forma ruda
mi riqueza de un soplido.

Mi dorado toca el cielo
y mis ramas colosales
se propagan proverbiales
descolgándose en un velo.
Caen una a una en vuelo,
¡son cadáveres de guerra!
Mientras mi raíz se entierra
en el mantillo carroño,
y derramo en cada otoño
gotas de sol en la tierra.

Hoy tengo miedo al invierno
que con aliento canalla
me desviste, me avasalla
y amenaza el brote tierno.
Con mi resguardo paterno
tantas aves protegí,
al zorzal y al colibrí
yo les di mi protección,
fui del planeta pulmón
y hoy me toca el turno a mí.

Al verlo tan compungido
y cada día más triste,
mi voz lo abrazó: “¡Persiste!
¡No has de darte por vencido!
¡Aguanta! ¡Mantente erguido!
Ya pasarán tus reveses,
solo has de esperar tres meses
la naciente primavera
y una fresca regadera
te hará revivir con creces”.

Rubén Sada. 21/05/2022. PROSOPOPEYA: Consiste en atribuir cualidades propias de un ser racional o animado a otro inanimado. Como en este ejemplo en que el fresno dorado dialogó conmigo.
 
Última edición:
Queriendo imitar al sol
y alcanzar un podio láureo,
un fresno se tornó áureo
y creció en cada arrebol.
Flanqueado por un bemol
trino alerta de zorzales,
tiñó todos sus ramales
de un dorado casimir…
¡Su copa quiso vestir
del color de los trigales!
Hermosas décimas dedicadas a ese especial fresno Áureo. Siempre la belleza moldea tus palabras para provocar un dulce sentimiento. Un gusto leerte.
 
Fresno%20amarillo.jpg


EL FRESNO ÁUREO

Queriendo imitar al sol
y alcanzar un podio láureo,
un fresno se tornó áureo
y creció en cada arrebol.
Flanqueado por un bemol
trino alerta de zorzales,
tiñó todos sus ramales
de un dorado casimir…
¡Su copa quiso vestir
del color de los trigales!

Entonces le pregunté
pretendiendo ser su amigo:
—¿Acaso quieres del trigo
el color de su quinqué?
Del alto fresno escuché:
—¡No me tales! Te soy franco:
Quiero ser “Banco”, no “banco”.
Por eso guardo el tesoro
y en mi copa tengo el oro
que en otoño al sol le arranco.

Fui genética semilla
encapsulada en la sámara,
y volé hasta la recámara
de la tierra en una orilla.
Hoy mi hermosa copa brilla
con un dorado vestido
pero aguanto un atrevido
viento otoñal que desnuda
y despoja en forma ruda
mi riqueza de un soplido.

Mi dorado toca el cielo
y mis ramas colosales
se propagan proverbiales
descolgándose en un velo.
Caen una a una en vuelo
como muertos en la guerra,
mientras mi raíz se entierra
en el mantillo carroño,
y derramo en cada otoño
gotas de cielo en la tierra.

Tengo miedo del invierno
que con aliento canalla
me desviste, me avasalla
y amenaza el brote tierno.
Con mi resguardo paterno
tantas aves protegí,
al zorzal y al colibrí
yo les di mi protección,
fui del planeta pulmón
y hoy me toca el turno a mí.

Al verlo tan compungido
y cada día más triste,
mi voz lo abrazó: “¡Persiste!
¡No has de darte por vencido!
¡Aguanta! ¡Mantente erguido!
Ya pasarán tus reveses,
solo has de esperar tres meses
la naciente primavera
y una fresca regadera
te hará revivir con creces”.

© Rubén Sada. 21/05/2022.
La figura retórica utilizada en este trabajo es la PROSOPOPEYA, que consiste en atribuir cualidades propias de un ser racional o animado a otro inanimado.
A ver si lo consigue, Rubén, yo creo que sí, con los ánimos que le das en la última décima, seguro que sí.
Por cierto, al fresno se le ve espectacular en la fotografía.
Tus décimas siempre es un placer leerlas.
Un abrazo.
Javier
 
A ver si lo consigue, Rubén, yo creo que sí, con los ánimos que le das en la última décima, seguro que sí.
Por cierto, al fresno se le ve espectacular en la fotografía.
Tus décimas siempre es un placer leerlas.
Un abrazo.
Javier

Postales de mi barrio, que para esta época abundan, estimado Javier. Muchas gracias por tu presencia.
 
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EL FRESNO ÁUREO

Queriendo imitar al sol
y alcanzar un podio láureo,
un fresno se tornó áureo
y creció en cada arrebol.
Flanqueado por un bemol
trino alerta de zorzales,
tiñó todos sus ramales
de un dorado casimir…
¡Su copa quiso vestir
del color de los trigales!

Entonces le pregunté
pretendiendo ser su amigo:
—¿Acaso quieres del trigo
el color de su quinqué?
Del alto fresno escuché:
—¡No me tales! Te soy franco:
Quiero ser “Banco”, no “banco”.
Por eso guardo el tesoro
y en mi copa tengo el oro
que en otoño al sol le arranco.

Fui genética semilla
encapsulada en la sámara,
y volé hasta la recámara
de la tierra en una orilla.
Hoy mi hermosa copa brilla
con un dorado vestido
pero aguanto un atrevido
viento otoñal que desnuda
y despoja en forma ruda
mi riqueza de un soplido.

Mi dorado toca el cielo
y mis ramas colosales
se propagan proverbiales
descolgándose en un velo.
Caen una a una en vuelo
como muertos en la guerra,
mientras mi raíz se entierra
en el mantillo carroño,
y derramo en cada otoño
gotas de cielo en la tierra.

Tengo miedo del invierno
que con aliento canalla
me desviste, me avasalla
y amenaza el brote tierno.
Con mi resguardo paterno
tantas aves protegí,
al zorzal y al colibrí
yo les di mi protección,
fui del planeta pulmón
y hoy me toca el turno a mí.

Al verlo tan compungido
y cada día más triste,
mi voz lo abrazó: “¡Persiste!
¡No has de darte por vencido!
¡Aguanta! ¡Mantente erguido!
Ya pasarán tus reveses,
solo has de esperar tres meses
la naciente primavera
y una fresca regadera
te hará revivir con creces”.

© Rubén Sada. 21/05/2022.
La figura retórica utilizada en este trabajo es la PROSOPOPEYA, que consiste en atribuir cualidades propias de un ser racional o animado a otro inanimado.

Le he editado el título
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